Las nuevas infecciones por hepatitis B disminuyeron 32% y las muertes por hepatitis C cayeron 12% en la última década, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la enfermedad sigue siendo una amenaza de salud pública que provoca más de 1,3 millones de muertes cada año. El organismo sostuvo que, pese a los progresos, el ritmo actual es insuficiente para cumplir las metas de eliminación fijadas para 2030.
El Informe Mundial sobre Hepatitis 2026 documenta que las hepatitis B y C concentran el 95% de las muertes vinculadas a esta enfermedad. En 2024 causaron 1,34 millones de fallecimientos, mientras la transmisión se mantiene en 1,8 millones de nuevas infecciones anuales, equivalentes a más de 4900 casos diarios.
La OMS subrayó que la hepatitis B continúa propagándose principalmente por contacto con fluidos corporales infectados y transmisión maternoinfantil, mientras que la hepatitis C se mantiene asociada a prácticas inseguras como compartir agujas o transfusiones sin control adecuado.
Aunque la prevalencia de hepatitis B en menores de cinco años cayó a 0,6% y 85 países ya alcanzaron o superaron la meta de reducción para 2030, el organismo advirtió que estos avances no bastan. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que “eliminar la hepatitis no es una ilusión”, pero advirtió que millones siguen sin diagnóstico ni tratamiento debido al estigma, la debilidad de los sistemas de salud y el acceso desigual a la atención. Señaló que, aun con herramientas eficaces disponibles, “es necesario intensificar urgentemente la prevención, el diagnóstico y el tratamiento”.
El informe estima que 287 millones de personas vivían con infección crónica por hepatitis B o C en 2024. La Región Africana concentró 68% de las nuevas infecciones por hepatitis B, pero solo 17% de los recién nacidos recibió la vacuna al nacer. En hepatitis C, las personas que se inyectan drogas representaron 44% de las nuevas infecciones, lo que evidencia la necesidad de fortalecer servicios de reducción de daños.
El acceso al tratamiento sigue siendo limitado: menos del 5% de quienes viven con hepatitis B crónica reciben atención médica, y solo 20% de las personas con hepatitis C ha sido tratada desde 2015. La mortalidad continúa impulsada por cirrosis y cáncer de hígado. Diez países de Asia y África concentraron cerca del 70% de las muertes por hepatitis B en 2024, mientras que las muertes por hepatitis C se distribuyen en diez naciones que suman 58% de los casos globales.
La OMS destacó que existen soluciones eficaces: la vacuna contra hepatitis B tiene una eficacia superior al 95%, y los tratamientos antivirales de corta duración para hepatitis C pueden curar más del 95% de los casos. Sin embargo, la directora del Departamento de VIH, Tuberculosis, Hepatitis e ITS, Tereza Kasaeva, advirtió que “cada diagnóstico perdido y cada infección no tratada representa una muerte evitable” y llamó a integrar los servicios de hepatitis en la atención primaria.
El informe plantea acciones prioritarias: ampliar el tratamiento para hepatitis B en África y el Pacífico occidental, expandir el acceso a terapias para hepatitis C en el Mediterráneo oriental, aumentar la vacunación al nacer, fortalecer la prevención de transmisión maternoinfantil y mejorar la seguridad de las inyecciones dentro y fuera de los sistemas de salud.
La OMS concluyó que el progreso es posible, pero requiere mayor compromiso político, financiamiento sostenido y una expansión acelerada de los servicios para alcanzar las metas de eliminación en 2030.

