Europa enfrenta un escenario climático que ya altera su disponibilidad de agua, su estabilidad ambiental y su capacidad de respuesta institucional. El nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial y del observatorio Copernicus confirma que el continente se calienta al doble de velocidad que el promedio global y que 2025 dejó señales contundentes: 70% de los cursos de agua registraron caudales por debajo de la media, 95% del territorio tuvo temperaturas superiores a lo normal y se alcanzaron récords de superficie quemada e intensidad de olas de calor marinas. La advertencia es directa: urge la toma de decisiones políticas.
El documento detalla que Europa vivió su segunda ola de calor más intensa registrada, con un episodio de tres semanas en Fennoscandia donde las temperaturas llegaron a 35°C, justo debajo del círculo polar ártico. En regiones del sur y este de España se contabilizaron hasta 50 días adicionales con estrés térmico severo, con temperaturas “sentidas” por encima de 32°C. “El informe de 2025 ofrece información clara y procesable para apoyar las decisiones políticas”, afirmó Florian Pappenberger, director del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, subrayando la necesidad de traducir los datos en acción pública.
Las consecuencias se extienden a la pérdida acelerada de nieve y hielo. Islandia registró su segunda mayor pérdida anual de masa glaciar desde que existen mediciones, mientras que en marzo de 2025 la superficie nevada europea cayó 31% respecto a la media histórica, equivalente a la suma territorial de Francia, Italia, Alemania, Suiza y Austria. Es la tercera extensión más baja desde 1983.
El impacto también alcanza la biodiversidad y los ecosistemas marinos. El 86% de las regiones oceánicas europeas experimentaron al menos un día de calor extremo, afectando praderas submarinas del Mediterráneo que funcionan como barreras naturales. En tierra firme, más de un millón de hectáreas ardieron en incendios alimentados por sequías prolongadas y temperaturas extremas, una superficie superior a la de Chipre.
El informe señala que 2025 fue uno de los tres años más secos en términos de humedad del suelo desde 1992. La reducción de caudales en ríos y lagos confirma que el estrés hídrico ya es estructural y no un fenómeno aislado. La combinación de temperaturas elevadas y precipitaciones deficitarias configura un escenario que presiona a gobiernos nacionales y a la Unión Europea a replantear su política climática, energética y de gestión del agua.
En contraste, el estudio registra un avance sostenido en energías renovables: por tercer año consecutivo superaron a los combustibles fósiles en generación eléctrica, alcanzando 46.4% del total. La energía solar logró un récord de participación con 12.5%, un dato que muestra la capacidad de adaptación tecnológica del continente, aunque insuficiente frente a la velocidad del deterioro ambiental.

