En un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes pastorales en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Luanda, el Papa León XIV planteó una agenda directa para la Iglesia angoleña: participar activamente en la construcción de una sociedad basada en libertad e igualdad, denunciar sin reservas la injusticia y combatir la expansión de prácticas supersticiosas que, dijo, representan una amenaza para la conciencia de los fieles.
El Pontífice llegó a Luanda tras su visita a Saurimo y retomó el llamado que lanzó un día antes en Kimbala, donde pidió escuchar “el clamor de sus hijos”. En esta ocasión, tras oír los testimonios de representantes de la vida consagrada, insistió en que la Iglesia debe sostener una memoria reconciliada, promover la concordia y mantener una presencia activa en la educación y la sanidad.
El Papa subrayó el papel de los catequistas como pieza central de la vida eclesial en África, destacando su labor en la iniciación cristiana y su presencia en territorios donde la Iglesia mantiene una actividad constante. “No teman al mañana”, dijo a los jóvenes consagrados, llamándolos a renovar su compromiso y a modelar su vida según Cristo.
Uno de los ejes más contundentes del discurso fue la advertencia sobre la influencia de elementos mágicos y esotéricos en la vida religiosa. El Papa señaló que estos mensajes engañosos pueden “contaminar el Evangelio y manipular conciencias”, por lo que pidió fortalecer la formación inicial y permanente para “salvar a los fieles de la peligrosa ilusión de la superstición”.
El Pontífice también pidió a la Iglesia angoleña mantener su compromiso con la paz y la reconstrucción social. Recordó que la comunidad eclesial ha acompañado a poblaciones afectadas por conflictos y ha denunciado el impacto de la guerra. “El compromiso continúa”, afirmó, exhortando a actuar con sabiduría y a no distanciarse de los pobres ni caer en prácticas autorreferenciales.
Finalmente, llamó a promover una “memoria reconciliada” y a valorar el testimonio de quienes han perdonado tras atravesar situaciones de violencia. “Denunciar jamás la injusticia” fue la frase que marcó el cierre de su mensaje, en un encuentro que buscó reforzar el papel de la Iglesia como agente de cohesión social y guía espiritual en un país marcado por desafíos históricos y contemporáneos.

