León XIV presidió el rezo del Rosario en el Santuario de Mama Muxima, en Angola, donde articuló un mensaje centrado en la responsabilidad social, la paz y la necesidad de traducir la fe en acciones concretas. Ante miles de peregrinos, el Pontífice afirmó que el Rosario es una oración “sencilla, antigua y universal”, pero advirtió que su sentido pleno exige compromiso con las realidades humanas más urgentes.
El Papa describió el santuario como un espacio donde el pueblo angoleño ha buscado consuelo en momentos de alegría y de sufrimiento. Señaló que la devoción mariana no puede limitarse a la oración, sino que debe impulsar a “alimentar al hambriento, cuidar al enfermo, garantizar educación a los niños y asegurar una vejez digna”. En su intervención, subrayó que estas necesidades representan desafíos inmediatos para la comunidad creyente.
Uno de los momentos centrales del discurso fue su referencia a Mama Muxima como una Madre que “acoge a todos, escucha a todos y reza por todos”, destacando la dimensión universal de la fe mariana. Recordó que miles de personas han acudido al santuario con peticiones y testimonios, confiando en la intercesión de la Virgen.
Durante la meditación de los Misterios Gloriosos, León XIV afirmó que la misión cristiana implica llevar la luz del Resucitado a quienes enfrentan dificultades. Dirigiéndose a los jóvenes, vinculó la construcción de un nuevo santuario con la responsabilidad de “construir un mundo mejor”, señalando que la transformación espiritual debe reflejarse en estructuras sociales orientadas al bien común.
En una de las declaraciones más contundentes de su intervención, el Papa proclamó: “Es el amor el que debe triunfar, no la guerra”, mensaje que presentó como una respuesta directa a los contextos de conflicto y tensión que atraviesan diversas regiones del mundo.
El Pontífice concluyó invitando a los presentes a convertirse en “mensajeros” que lleven al exterior la bendición recibida, insistiendo en que la devoción mariana debe traducirse en servicio y responsabilidad comunitaria. Con ello, León XIV cerró una jornada marcada por la combinación de oración, reflexión y un llamado explícito a la acción social.

