La visita del Papa León XIV a la Universidad La Sapienza de Roma, la institución académica más antigua de la ciudad, se convirtió en un llamado directo a revisar el papel del conocimiento en un mundo marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas y aceleración tecnológica. Ante estudiantes y docentes reunidos en el Aula Magna, el Pontífice advirtió sobre una “contaminación de la razón” que, desde el ámbito geopolítico, se extiende a todas las relaciones sociales y contribuye a un escenario global “deformado” por las guerras y por las palabras de guerra.
El encuentro, celebrado el 14 de mayo, reforzó la alianza educativa entre la Iglesia de Roma y La Sapienza, consolidada meses atrás con la apertura de un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza. En este contexto, León XIV planteó que la universidad debe ser un espacio capaz de contrarrestar la lógica del enfrentamiento y promover un uso ético del conocimiento.
El Papa abrió su discurso con un llamado a rechazar la espiral bélica que atraviesa regiones como Ucrania, Gaza, los territorios palestinos, Líbano e Irán. Señaló que estos conflictos muestran “la evolución inhumana de la relación entre guerra y nuevas tecnologías en una espiral de aniquilación” y exhortó a que la investigación y la inversión científica se orienten en sentido contrario: “sean un radical ‘sí’ a la vida”.
A partir de ese diagnóstico, León XIV pidió a la comunidad universitaria practicar un “sabio ejercicio de la memoria” para evitar reduccionismos históricos y recuperar los valores democráticos inscritos en la Constitución italiana. Recordó el grito “nunca más la guerra” de sus predecesores y lo vinculó con la necesidad de una alianza espiritual con el sentido de justicia de las nuevas generaciones.
El Pontífice también cuestionó el aumento del gasto militar en Europa y advirtió sobre el uso del lenguaje para justificarlo. “No se llame ‘defensa’ a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad”, afirmó, señalando que esta tendencia desplaza recursos destinados a educación y salud y debilita la confianza en la diplomacia.
En uno de los pasajes más relevantes, León XIV pidió “vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil” para evitar que estas tecnologías desresponsabilicen decisiones humanas o agraven los conflictos. Subrayó que la aceleración tecnológica exige orientar la investigación hacia fines vitales y no hacia escenarios destructivos.
El Papa dedicó parte de su mensaje a los jóvenes, reconociendo el malestar que enfrentan ante presiones de rendimiento y expectativas sociales. Advirtió que estas dinámicas forman parte de un sistema que “reduce a las personas a números” y alimenta la ansiedad. Frente a ello, afirmó: “somos un deseo, no un algoritmo”, y llamó a transformar la inquietud en compromiso social.
En la parte final de su intervención, León XIV dirigió un mensaje al profesorado, recordando que enseñar es “una forma de caridad” que implica hablar al corazón de los estudiantes y testimoniar valores con la vida. Señaló que el conocimiento no puede limitarse a fines laborales, sino que debe ayudar a discernir quién se es y cómo se actúa en el mundo.
El discurso concluyó con un llamado a “estudiar, cultivar y custodiar la justicia” y a convertirse en artesanos de una paz “desarmada y desarmante”, en un momento en que la universidad —dijo— tiene la responsabilidad de formar conciencias capaces de enfrentar los desafíos éticos, sociales y tecnológicos de la época.

