En una región donde el campo ha resistido el abandono institucional y la incertidumbre del clima, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dio el banderazo de salida a Cosechando Soberanía, un ambicioso programa federal que busca recuperar la autosuficiencia alimentaria desde la raíz: el trabajo de los pequeños productores.
“Queremos que en México se produzca lo que consumimos los mexicanos”, expresó Sheinbaum ante campesinos y campesinas michoacanas, al presentar un plan integral que mezcla créditos accesibles, asesoría técnica, seguros ante desastres naturales y, sobre todo, garantías de compra a precios justos.
Un campo con crédito, respaldo y voz propia
Lejos de ser un simple programa de financiamiento, Cosechando Soberanía parte de un principio que durante décadas fue relegado: confiar en el conocimiento y las decisiones de quienes siembran la tierra. Los créditos, con una tasa de interés máxima del 8.5%, no sólo financiarán insumos o maquinaria, sino también proyectos colectivos que respondan a las necesidades reales de cada comunidad.
“Si entre varios quieren un tractor, o necesitan una cerca, el programa les va a apoyar”, afirmó Sheinbaum, quien subrayó que cada proyecto será acompañado por asesorías técnicas y alternativas agroecológicas.
Además, todo productor que reciba un crédito tendrá garantizada la comercialización de su cosecha a precios justos, protegiéndolos de intermediarios y del mercado especulativo que históricamente ha exprimido a quienes menos tienen.
Soberanía alimentaria como escudo ante crisis globales
En un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, inflación y nuevas políticas proteccionistas, el gobierno federal apuesta por fortalecer el mercado interno. “La mejor defensa frente a cualquier arancel o bloqueo es que México produzca lo suyo”, sentenció la mandataria.
El programa priorizará el cultivo de maíz y frijol, pilares de la alimentación nacional, pero tiene un enfoque abierto que permitirá a las comunidades decidir qué y cómo sembrar, buscando también una transición hacia prácticas sostenibles a través de las Escuelas Campesinas y el fomento a fertilizantes orgánicos.
Una política de continuidad y raíces
Cosechando Soberanía no parte de cero. Es un eslabón más en la cadena de programas que ya operan en el país, como Producción para el Bienestar, Precios de Garantía, Fertilizantes del Bienestar y Sembrando Vida, que hoy beneficia a más de 400 mil personas en todo el país. La lógica es clara: articular esfuerzos para que el campo mexicano deje de ser la deuda histórica del Estado y se convierta en eje estratégico de desarrollo y soberanía.
Voces del campo, esperanza con los pies en la tierra
En Zinapécuaro, donde el maíz aún se siembra a mano y las parcelas enfrentan los embates del clima, la noticia fue recibida con esperanza, pero también con cautela. “Lo que pedimos es que ahora sí cumplan, que el dinero llegue a quien trabaja, no a los coyotes”, dijo don Esteban, agricultor de toda la vida. Para él, más allá del crédito, lo fundamental es que el gobierno se mantenga cerca, escuche y no abandone.
Y es justo eso lo que prometió Sheinbaum al cierre de su intervención: “Este es sólo el arranque. Vamos a caminar con ustedes. México tiene tierra fértil, pero sobre todo tiene manos sabias. Y esas manos son las que van a cosechar la soberanía”.

