En una nueva catequesis dedicada a la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, el Papa León XIV expuso que la revelación cristiana no se fundamenta en conceptos abstractos, sino en un encuentro directo con Jesucristo, a quien definió como la manifestación plena y definitiva de Dios. Durante la audiencia general en el aula Pablo VI, el Pontífice explicó que la fe se sostiene en una relación personal que introduce a los creyentes en la filiación con el Padre.
León XIV señaló que la revelación divina se desarrolla como un diálogo de alianza en el que Dios se dirige a la humanidad como a amigos, compartiendo una historia y convocando a una relación de comunión. Este proceso, afirmó, alcanza su culminación en Jesucristo, descrito por el Concilio como “mediador y plenitud de toda la revelación”, en quien Dios no solo comunica un mensaje, sino que se entrega personalmente y se hace presente en la historia humana.
El Papa destacó que Jesús revela al Padre al introducir a los creyentes en su propia relación filial. Según explicó, el acceso a Dios se realiza en el Espíritu Santo y permite participar de la vida divina, de modo que el conocimiento de Dios no es meramente intelectual, sino relacional. Recordó un pasaje del evangelio de san Lucas en el que Jesús alaba al Padre por revelarse a los pequeños, subrayando que la revelación es un don y no resultado del esfuerzo humano.
En su reflexión, León XIV afirmó que en Cristo también se revela la identidad del ser humano, creado a imagen del Verbo. Citó a san Pablo, quien enseña que el Espíritu del Hijo clama en los corazones de los creyentes llamando a Dios “Abba, Padre”, lo que permite vivir con la certeza de ser conocidos y acompañados por el Padre incluso en lo oculto.
Uno de los ejes centrales de la catequesis fue la afirmación de que la humanidad de Jesús es el lugar concreto de la revelación. El Papa insistió en que las palabras, obras, gestos, la muerte y la resurrección de Cristo constituyen la manifestación íntegra de la verdad de Dios. Reducir la humanidad de Jesús, advirtió, limita la comprensión de la revelación.
León XIV concluyó señalando que la salvación cristiana abarca toda la vida de Jesús y que, gracias a Él, el creyente puede sostener la certeza de que nada lo separará del amor de Dios. Esta convicción, afirmó, es el fundamento de una fe vivida con confianza en el Padre.

