En el marco del Jubileo de los Obispos celebrado este miércoles en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dirigió un mensaje centrado en la responsabilidad pastoral, la unidad eclesial y la exigencia ética dentro del episcopado. Ante cerca de 300 prelados reunidos en Roma, el Pontífice pidió “ir contracorriente” y exhortó a los obispos a ser “hombres de comunión”, con una actitud de cercanía, sobriedad y firmeza ante situaciones que puedan provocar escándalo.
Durante su intervención, León XIV describió los rasgos fundamentales que deben caracterizar al ministerio episcopal: testimonio de fe, esperanza activa, caridad pastoral y prudencia en el gobierno eclesial. Insistió en que el obispo debe actuar como principio visible de unidad, favoreciendo la comunión dentro de la Iglesia local y manteniendo la conexión con la Iglesia universal.
El Papa también subrayó que el liderazgo episcopal implica vivir con “pobreza evangélica”, cultivar el celibato como signo de consagración y ejercer la autoridad con apertura al diálogo. Señaló que estas disposiciones no deben limitarse al plano personal, sino proyectarse en la organización de las diócesis, especialmente en la gestión de los organismos de participación.
Un punto destacado del mensaje fue el llamado a mantener una “actitud firme y decidida” ante los escándalos, particularmente en casos de abuso, siguiendo las disposiciones vigentes. León XIV insistió en que los pastores deben ser ejemplo de integridad y actuar con claridad ante cualquier situación que comprometa la misión eclesial o la confianza de los fieles.
Al concluir, el Papa encomendó a los obispos a la intercesión de la Virgen María y de los santos Pedro y Pablo, pidiéndoles cultivar también virtudes humanas como la paciencia, la discreción, la capacidad de escucha y el dominio de sí. Su mensaje se inscribe en la línea de continuidad con el magisterio reciente sobre la reforma del episcopado y la sinodalidad como principio organizativo de la Iglesia.
El Jubileo de los Obispos forma parte del calendario de celebraciones rumbo al Año Santo 2025 y busca renovar el compromiso pastoral del episcopado católico en contextos sociales marcados por la fragmentación, la desconfianza institucional y las exigencias de transparencia.

