En la Plaza de San Pedro, durante el cuarto domingo de Cuaresma, León XIV planteó uno de los mensajes más directos de su pontificado reciente: la fe no puede vivirse como un acto ciego ni como una renuncia a la razón. El Papa llamó a asumir un cristianismo “de ojos abiertos”, capaz de mirar de frente las realidades de injusticia, violencia y sufrimiento que atraviesan el mundo.
Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice recordó que el Evangelio presenta a Jesús como “la luz del mundo”, una luz que no invita a cerrar los ojos, sino a abrirlos. Retomó el pasaje de la curación del ciego de nacimiento para subrayar que la salvación no consiste en ignorar la realidad, sino en verla con claridad. “Mientras la humanidad caminaba en las tinieblas, Dios envió a su Hijo para abrir los ojos de los ciegos”, afirmó.
León XIV cuestionó la idea extendida de que la fe implica un “salto en la oscuridad” o una renuncia al pensamiento crítico. “La fe no es un acto ciego, no es renunciar a la razón”, dijo, insistiendo en que el cristiano está llamado a mirar el mundo “desde el punto de vista de Jesús”.
El Papa vinculó esta exigencia con el contexto global. Señaló que las “situaciones dramáticas de injusticia, violencia y sufrimiento” requieren una fe “despierta, atenta y profética”, capaz de identificar las heridas sociales y responder con compromiso por la paz, la justicia y la solidaridad. En este sentido, reiteró su llamado reciente a un alto el fuego en Oriente Medio, donde describió la violencia como “atroz” y urgió a reanudar el diálogo.
El Pontífice sostuvo que la mirada de Jesús implica reconocer el dolor ajeno y no normalizarlo. “Abrir los ojos”, dijo, es una responsabilidad que interpela a la comunidad creyente frente a los conflictos, las desigualdades y la exclusión.
Al concluir, pidió a la Virgen María que interceda para que “la luz de Cristo abra los ojos del corazón” y permita dar testimonio con claridad y valentía. Su mensaje dejó una línea central: la fe no se refugia en la oscuridad; se sostiene en la capacidad de ver, discernir y actuar.

