En una audiencia con los participantes de la Tercera Asamblea Plenaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Papa León XIV delineó una serie de criterios sobre la formación cristiana y el papel de las comunidades eclesiales en la generación de la fe. El Pontífice afirmó que la formación no puede limitarse a la transmisión de contenidos doctrinales y señaló que la Iglesia debe asumir un modelo basado en la vida compartida, la responsabilidad comunitaria y el acompañamiento permanente.
Durante el encuentro, celebrado en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, León XIV explicó que la figura del educador no debe reducirse a la de un transmisor de instrucciones. Indicó que la misión formativa implica compartir experiencias, asumir responsabilidades y sostener procesos que requieren entrega y disponibilidad. Según su planteamiento, la formación cristiana se construye en un entorno comunitario donde participan familias, jóvenes, personas consagradas y laicos, y no depende únicamente de sacerdotes o líderes específicos.
El Papa retomó el lema de la asamblea, “Hasta que Cristo sea formado en vosotros”, para subrayar que la formación debe entenderse como un proceso que involucra acompañamiento, escucha y verificación constante. Señaló que este trabajo exige paciencia y continuidad, y mencionó ejemplos históricos de figuras que desarrollaron métodos formativos centrados en la persona y en la vida cotidiana.
En su intervención, León XIV pidió fortalecer los aspectos educativos orientados al respeto de la vida humana en todas sus etapas. En este punto, llamó a prevenir cualquier forma de abuso contra menores y personas vulnerables, y a garantizar acompañamiento y apoyo a las víctimas. El Pontífice sostuvo que la formación debe abarcar todas las dimensiones de la existencia, incluidas las relaciones personales, el trabajo y la vida pública.
El mensaje incluyó referencias a textos clásicos de la tradición cristiana, como el tratado De catechizandis rudibus de San Agustín, y a figuras históricas que desarrollaron modelos formativos centrados en la cercanía y la práctica comunitaria. León XIV afirmó que estos enfoques pueden servir como guía para promover caminos de fe que conduzcan al Bautismo, a los Sacramentos o a su redescubrimiento.
El Papa concluyó que la Iglesia debe asumir la formación como una tarea colectiva y permanente, orientada a generar entornos seguros, a prevenir abusos y a sostener procesos que permitan a los creyentes integrar su fe en todos los ámbitos de la vida.

