La visita del Papa León XIV a la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio romano de Castro Pretorio, se convirtió en un recorrido por las contradicciones sociales que conviven en pocos metros: personas sin hogar que buscan un enchufe para cargar un teléfono, migrantes en tránsito hacia la estación Termini y fieles que acuden a la misa dominical. En ese escenario, el Pontífice insistió en que la cercanía y la caridad deben funcionar como barreras frente a la violencia que afecta a la zona y que con frecuencia aparece en los reportes policiales.
El encuentro comenzó en la madrugada del 22 de febrero, cuando cientos de personas se congregaron en el patio de la basílica para recibir al Papa. Entre pancartas, voluntarios de programas parroquiales y familias que pedían una bendición, León XIV saludó a quienes dependen de los servicios de asistencia del templo, incluidos refugiados, personas sin hogar y jóvenes migrantes. El gesto, acompañado de un llamado a reconocer la dignidad de quienes viven en condiciones precarias, marcó el tono de la jornada.
Durante la misa, el Papa retomó la imagen del desierto y las tentaciones, propia del inicio de la Cuaresma, para reflexionar sobre la libertad humana y la tensión entre dependencia y autonomía. Señaló que la pregunta sobre si es posible alcanzar la plenitud diciendo “sí” a Dios sigue vigente y se manifiesta en decisiones cotidianas. En este contexto, definió a la Iglesia como un “bastión de proximidad”, llamado a responder a las necesidades concretas del territorio.
La homilía también destacó la labor de las organizaciones que operan en la zona, como Cáritas y el albergue Don Luigi Di Liegro, que atienden a personas sin hogar y migrantes. El Papa subrayó que estos espacios no perpetúan la marginalidad, sino que previenen conflictos mediante servicios que van más allá de la asistencia básica. La comunidad salesiana, encargada de la parroquia, fue reconocida por su trabajo con jóvenes y por mantener una tradición de servicio que se remonta a San Juan Bosco.
La visita incluyó un encuentro con catecúmenos que recibirán los sacramentos en la Vigilia Pascual, a quienes León XIV presentó como signo de un comienzo que interpela a toda la comunidad. El Pontífice insistió en redescubrir la libertad que nace del Bautismo y en asumir la Cuaresma como un tiempo para revisar la propia vida con claridad y responsabilidad.
Antes de regresar al Vaticano para el rezo del Ángelus, el Papa pidió a la parroquia ser “levadura del Evangelio” en un barrio marcado por contrastes: movilidad constante, actividades comerciales, tráfico ilícito y presencia de personas en situación de vulnerabilidad. La misa fue concelebrada por autoridades eclesiásticas de Roma y representantes de la familia salesiana, en un acto que reforzó el vínculo entre la diócesis y una comunidad que enfrenta desafíos sociales persistentes.

