En su segunda jornada en el Líbano, el Papa León XIV acudió como peregrino al monasterio de Annaya, donde rezó ante la tumba de San Charbel Maklūf, figura considerada patrón del país y canonizado en 1977 por Pablo VI. El Pontífice confió a la intercesión del monje las necesidades de la Iglesia, del pueblo libanés y del mundo, subrayando que la paz “solo nace de la conversión de los corazones”.
El Papa recorrió más de 40 kilómetros desde Beirut y ascendió a 1,200 metros de altitud para llegar al lugar, donde depositó una lámpara votiva como símbolo de la luz que, según dijo, Dios encendió a través de San Charbel. “Ofreciendo esta lámpara confío a la protección de San Charbel al Líbano y a su pueblo, para que camine siempre en la luz de Cristo”, expresó.
La visita congregó a cientos de miles de personas en las calles y frente al monasterio, pese a la lluvia y el frío. Entre pancartas, banderas libanesas y vaticanas, los fieles recibieron al Pontífice con mensajes de esperanza. El superior de la Orden Maronita Libanesa, Mahfouz Hady, recordó que hace un siglo se presentó en Roma la causa de canonización de San Charbel y destacó la relevancia de que el Sucesor de Pedro visite el lugar en 2025.
Durante la oración, León XIV resaltó el mensaje universal del santo: enseñar la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes viven en el ruido, la modestia a quienes buscan aparentar y la pobreza a quienes persiguen riquezas. Señaló que su coherencia y humildad siguen atrayendo a miles de peregrinos cada mes, que acuden en busca de consuelo y descanso espiritual.
El Papa confió a San Charbel la Iglesia, las familias y el mundo entero, reiterando que la paz requiere conversión interior. Tras la oración, visitó el museo del monasterio acompañado por el superior del convento, mientras afuera la multitud permanecía expectante. La visita marcó el primer viaje de un Pontífice al Líbano en trece años y reafirmó el compromiso de León XIV de acompañar al país en medio de sus desafíos sociales y políticos.

