En el marco de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, el Papa León XIV dirigió este mediodía el Ángelus dominical desde la Plaza de San Pedro, ante miles de fieles congregados. En su reflexión, el Pontífice abordó el significado de la Cruz no como emblema de derrota, sino como testimonio de salvación y transformación espiritual.
La celebración litúrgica conmemora el hallazgo de la Cruz por santa Elena en Jerusalén en el siglo IV y su restitución por el emperador Heraclio. En ese contexto, el Papa planteó una interrogante sobre el sentido actual de esta festividad, destacando que la Cruz, históricamente utilizada como instrumento de ejecución, fue resignificada por Cristo como signo de amor y vida eterna.
Durante su mensaje, León XIV citó el Evangelio del día, centrado en el diálogo entre Jesús y Nicodemo, en el que se anuncia que el Hijo del Hombre será “ensalzado” para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. El Papa explicó que este pasaje anticipa el sacrificio en la Cruz como acto redentor, y que Nicodemo comprendería su significado al participar en la sepultura de Jesús.
El Pontífice reiteró que la Cruz representa una transformación radical: de medio de muerte a instrumento de vida. Señaló que en ella se cumple la promesa de salvación, y que su exaltación expresa la convicción de que el sufrimiento no tiene la última palabra.
Al concluir su intervención, León XIV hizo un llamado al compromiso personal, exhortando a los creyentes a asumir el testimonio de la Cruz como una forma de entrega mutua. Invitó a que, con la intercesión de María, cada persona traduzca ese amor en acciones concretas, siguiendo el ejemplo de Cristo.
La reflexión del Papa se inscribe en el calendario del “2025, Año de la Mujer Indígena” y se enmarca en el lema “Soberanía y Justicia Social”, adoptado por la LXVI Legislatura. El mensaje busca reafirmar el papel de la Cruz como eje central de la fe cristiana y como símbolo de esperanza en contextos marcados por la adversidad.

