El Papa León XIV presidió la misa vespertina en la parroquia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en el barrio romano del Quarticciolo, donde dirigió un mensaje centrado en la paz, la esperanza y la responsabilidad comunitaria frente a un contexto internacional marcado por la violencia y la incertidumbre. Su llegada a pie, acompañado por una pequeña procesión y rodeado por cientos de fieles, evocó la histórica visita de Juan XXIII en 1963, un recuerdo presente en la memoria de la comunidad.
Durante la homilía, el Pontífice expresó su preocupación por la situación en Oriente Medio y recordó la muerte de miles de niños en Gaza, señalando que la guerra continúa siendo una herida abierta para la humanidad. Subrayó que “Dios quiere la paz” y llamó a no acostumbrarse a la violencia ni a la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
A partir de la figura de Abraham, el Papa reflexionó sobre la necesidad de salir de la zona de confort y asumir decisiones que implican riesgo y desprendimiento. Explicó que la fe invita a ponerse en camino, incluso cuando la incertidumbre genera temor, porque en ese proceso se descubre una riqueza interior que no puede ser arrebatada. Enfatizó que la experiencia del patriarca —pérdida, camino y bendición— es un modelo para los creyentes actuales.
El Pontífice también recordó el camino de los discípulos hacia Jerusalén y el sentido de la Transfiguración, donde Jesús muestra su luz en medio de la oscuridad. Señaló que la lógica del Evangelio implica superar el instinto de defensa y asumir una entrega que genera vida. Invitó a la comunidad a “escuchar a Jesús” y a convertirse en luz para su entorno, especialmente en un barrio marcado por desafíos sociales.
La parroquia, afirmó, tiene la misión de ser un espacio de acompañamiento y esperanza. Destacó el trabajo de los grupos juveniles “Magis”, inspirados en los Ejercicios de san Ignacio, que impulsan a los adolescentes a tomar decisiones responsables y valientes. Reconoció además el esfuerzo de la comunidad por fortalecer la pertenencia bajo el lema “Hagamos comunidad”, orientado a atender las heridas del territorio mediante solidaridad y creatividad.
Antes de concluir, el Papa exhortó a no ceder ante el desánimo ni la pérdida de motivación frente al mal y a las dificultades cotidianas. Llamó a testimoniar la identidad cristiana en los lugares donde se vive y trabaja, recordando que el Evangelio “transfigura y da vida”.
Al finalizar la misa, ya entrada la noche, el Papa dirigió un último saludo a los fieles reunidos en el atrio. Les agradeció su testimonio y los animó a ser “luz del mundo, sal de la tierra”. Mientras el vehículo con matrícula del Vaticano se alejaba, un niño comentó a su padre: “El Papa dijo que somos luz”, a lo que el adulto respondió: “Sí, nosotros somos la luz”, reflejando el mensaje central de la jornada.
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