El Papa León XIV denuncia la “indiferencia ante la muerte” y afirma que la fuerza de la Pascua es “totalmente no violenta” en un llamado global a detener la guerra

by Enlace Noticias

El Papa León XIV articuló durante la Semana Santa una de las intervenciones más firmes de su pontificado sobre la violencia y los conflictos armados, al advertir que el mundo se está “acostumbrando a la violencia” y que la humanidad corre el riesgo de normalizar la muerte. En una secuencia de mensajes que culminaron con la bendición Urbi et Orbi, el Pontífice afirmó que “Dios rechaza la guerra” y que nadie puede invocar su nombre para justificarla, recordando con dureza: “Aunque multiplicarais las oraciones, yo no escucharía: vuestras manos gotean sangre”.

El eje de su discurso fue la fuerza “no violenta” de la Pascua, presentada como la única vía capaz de contrarrestar la espiral de conflictos. Desde el Domingo de Ramos, León XIV contrastó la figura de Jesús —“Rey de la paz”— con quienes “empuñan espadas y bastones”, citando la frase evangélica: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada, de espada morirán”. El mensaje se extendió al Viernes Santo, cuando el Papa sostuvo la Cruz como gesto dirigido a quienes “se ven obligados a humillarse ante la autoridad para recibir los restos martirizados” de sus familiares.

Durante la Misa Crismal, el Pontífice afirmó que “el bien no puede venir de la prevaricación”, señalando que la violencia se ha convertido en ley en distintos ámbitos sociales y políticos. En la Coena Domini, al lavar los pies de jóvenes sacerdotes, denunció las “idolatrías” y “blasfemias” que distorsionan la imagen humana en contextos de conflicto, y advirtió contra quienes “se creen poderosos cuando dominan” o “quieren vencer matando a quien es igual a ellos”.

En la Vigilia Pascual, León XIV declaró que “Dios no quiere nuestra muerte”, en referencia a las víctimas reducidas a cifras en los reportes de guerra. Recordó el naufragio reciente en el Mediterráneo, con más de 70 desaparecidos, como ejemplo de una tragedia que se repite mientras la comunidad internacional permanece inmóvil. Desde la Plaza de San Pedro, ante 60 mil personas, insistió en que la guerra “mata y destruye” y que sus efectos se manifiestan en injusticias, opresión y explotación de los más vulnerables.

El mensaje más disruptivo llegó en la Urbi et Orbi, donde el Papa denunció que la humanidad se ha vuelto “indiferente a la muerte de miles de personas” y a las consecuencias sociales y económicas de los conflictos. Frente a ello, afirmó que “la fuerza con la que Cristo ha resucitado es totalmente no violenta” y que la única respuesta posible es abandonar la lógica de las armas.

El Pontífice reiteró este llamado en Castel Gandolfo, dirigiéndose directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a otros líderes mundiales: “Vuelvan a la mesa para dialogar, busquemos soluciones a los problemas, busquemos maneras de reducir la violencia que estamos alimentando”. Su exhortación final fue clara: la Pascua debe convertirse en un punto de inflexión para detener la escalada bélica y recuperar la capacidad de construir paz en un mundo que, advirtió, vive “una hora oscura” marcada por la devastación y la división.

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