El Papa León XIV presidió este 6 de enero la Eucaristía de la solemnidad de la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro, celebración en la que realizó el rito de cierre de la Puerta Santa y dio por concluido el Jubileo Ordinario de 2025. En su homilía, el Pontífice subrayó que la manifestación de Dios no ocurre en espacios de prestigio, sino en las realidades humildes, y llamó a la Iglesia a reconocer los signos de esperanza que surgen en medio de los contrastes del mundo actual.
El Papa destacó que la Epifanía marca el inicio de una esperanza que transforma, al recordar que la revelación divina provoca alegría y turbación, obediencia y resistencia, deseo y miedo. Señaló que la presencia de Dios modifica cualquier estado previo y cuestiona la idea de que “nada es nuevo bajo el sol”. En este sentido, afirmó que la luz anunciada por el profeta Isaías representa un punto de partida para el presente y el futuro de la comunidad creyente.
Durante la celebración, el Pontífice reflexionó sobre la reacción de Jerusalén ante la búsqueda de los magos, indicando que la ciudad se mostró inquieta frente a un acontecimiento que debía generar alegría. Esta actitud, dijo, interpela a la Iglesia sobre su capacidad de acoger la búsqueda espiritual de quienes se acercan movidos por la esperanza. Tras el cierre del Año Jubilar, el Papa planteó interrogantes sobre lo que los peregrinos encontraron al cruzar las puertas de los templos y sobre la respuesta que la Iglesia ofrece a quienes buscan orientación.
El Papa León XIV insistió en que la vida cristiana implica un dinamismo constante y que la Iglesia debe valorar y orientar esa búsqueda hacia Dios. Recordó que los lugares santos deben transmitir señales de vida y no convertirse en espacios estáticos. Invitó a preguntarse si las comunidades están abiertas a lo que nace y si anuncian a un Dios que impulsa a caminar.
Al retomar el relato bíblico, el Pontífice contrastó la alegría del Evangelio con el miedo de Herodes, quien intentó manipular la búsqueda de los magos. Señaló que el miedo puede distorsionar la percepción y conducir a decisiones orientadas al control, mientras que la alegría del Evangelio libera y sugiere caminos nuevos.
El Papa afirmó que el Jubileo recordó la posibilidad de volver a empezar y que Dios continúa cuestionando el orden existente, involucrando a personas de todas las condiciones en obras de justicia y misericordia. Añadió que el Reino de Dios avanza sin ruido, aun en medio de resistencias y conflictos.
En su mensaje final, el Pontífice advirtió que la búsqueda de paz implica proteger lo que nace y evitar que los miedos se transformen en agresión. Criticó que una economía orientada al beneficio convierta incluso la necesidad humana de búsqueda en un negocio. Invitó a evaluar si el Jubileo ayudó a reconocer en el visitante a un peregrino y en el desconocido a un buscador.
El Papa León XIV reiteró que Dios no se manifiesta en lugares de prestigio, sino en espacios humildes, y que los caminos divinos no pueden ser obstruidos por el poder humano. Llamó a convertirse en “peregrinos de esperanza” y afirmó que la fidelidad de Dios seguirá sorprendiendo a quienes mantengan comunidades vivas, abiertas y capaces de resistir presiones externas.

