En el inicio de su gira por África, el pontífice Papa León XIV colocó el discurso sobre paz y reconciliación en el centro del escenario internacional al advertir, desde el Memorial de los Mártires en Argel, que la persistencia de conflictos en el mundo no puede seguir alimentándose de agravios acumulados entre generaciones.
Ante unas cinco mil personas reunidas en el complejo conocido como Maqam Echahid —erigido en honor a quienes murieron en la lucha por la independencia de Argelia frente a Francia—, el líder religioso inició su intervención con un mensaje directo en árabe: “La paz esté con ustedes”. Minutos después, elevó el tono del planteamiento al señalar que la paz no puede entenderse como la ausencia de guerra, sino como resultado de justicia y dignidad, condiciones que, sostuvo, sólo pueden alcanzarse mediante el perdón.
El posicionamiento se produjo en un contexto simbólico: frente a un monumento que recuerda un pasado marcado por violencia colonial, el pontífice advirtió que la memoria histórica no debe convertirse en una cadena de agravios. “No se puede añadir resentimiento al resentimiento, de generación en generación”, afirmó, en una de las expresiones más enfáticas de su mensaje.
Durante la ceremonia, el Papa depositó una ofrenda floral y guardó silencio ante la llama eterna del memorial, en un gesto institucional que reconoció la lucha por la soberanía argelina. Posteriormente, en su discurso, vinculó ese pasado con los desafíos actuales, al sostener que la “verdadera lucha por la liberación” no concluye en el terreno político, sino en la capacidad de construir paz en el ámbito social e individual.
El mensaje incluyó una lectura sobre el escenario global. Sin referirse a conflictos específicos, el pontífice señaló que la multiplicación de tensiones internacionales exige evitar la reproducción de dinámicas de confrontación. En ese sentido, afirmó que la violencia “no tendrá la última palabra”, al tiempo que insistió en que la justicia prevalecerá sobre la injusticia.
En otro tramo de su intervención, el líder de la Iglesia católica introdujo un componente social y cultural al destacar el papel de la fe en la vida pública. Indicó que las sociedades con arraigo espiritual pueden convertirse en referentes en contextos de fragmentación, al tiempo que llamó a construir relaciones basadas en la fraternidad.
El discurso también incluyó una reflexión sobre el concepto de libertad, al señalar que no se trata de un legado automático, sino de una decisión cotidiana. Con ello, vinculó el sacrificio de quienes murieron en procesos históricos con la responsabilidad actual de sostener condiciones de convivencia.
La visita a Argelia forma parte de una gira más amplia por el continente africano, en la que el Vaticano busca posicionar un mensaje de mediación en un entorno internacional marcado por conflictos armados, tensiones políticas y crisis humanitarias. En este primer acto público, el pontífice delineó una línea discursiva centrada en el rechazo a la escalada de violencia y en la necesidad de construir acuerdos sostenidos en el tiempo.

