Alfredo Ramírez: entre la percepción ciudadana y los desafíos de gobernabilidad en Michoacán

by Enlace Noticias

La más reciente evaluación nacional de gobernadores realizada por Rubrum en julio de 2025 ofrece una radiografía puntual del estado de ánimo ciudadano frente a sus mandatarios. En este contexto, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, aparece consistentemente en los últimos lugares en casi todos los rubros evaluados, lo que plantea interrogantes sobre el vínculo entre percepción pública, desempeño institucional y gobernabilidad en una de las entidades más complejas del país.

En la evaluación general de desempeño, Ramírez Bedolla obtuvo una calificación de 5.78, ubicándose en el lugar 11 de 19 entre los gobernadores hombres evaluados. Aunque no es el peor calificado, su posición refleja una percepción ciudadana que no alcanza el umbral de aprobación sólida. En comparación, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez (PRI), lidera la lista con 7.30, seguido por Alejandro Armenta (Morena, Puebla) con 7.22 y Eduardo Ramírez (Morena, Chiapas) con 7.14.

En el rubro de seguridad pública, Michoacán recibió una calificación de 4.67, colocándose en el lugar 14 de 19. Esta cifra adquiere mayor relevancia si se considera el contexto de violencia persistente en la entidad, donde los homicidios dolosos, la presencia de grupos armados y los ataques a autoridades municipales han sido constantes. La baja calificación refleja una percepción ciudadana de vulnerabilidad y escasa efectividad institucional.

En cuanto al sistema de salud estatal, la calificación fue de 5.27, apenas por encima del promedio nacional, pero sin destacar. En el indicador de cercanía con la población, el gobernador obtuvo 5.34, lo que lo ubica en el lugar 11, por debajo de figuras como Eduardo Ramírez (7.91) y Manolo Jiménez (7.10). Este dato sugiere una brecha entre el gobierno estatal y la ciudadanía, en un momento donde la confianza institucional es clave para la implementación de políticas públicas.

En calidad y eficiencia del transporte público, Michoacán recibió 6.11, una de las calificaciones más altas para el estado en esta medición, aunque aún lejos de los primeros lugares como Querétaro (7.12) y Yucatán (7.11). En obras públicas, la calificación fue de 5.69, y en transparencia y acceso a la información, 5.34, ambas cifras que lo colocan en la parte media-baja del ranking.

Los resultados de esta encuesta no sólo reflejan una evaluación técnica, sino una lectura social sobre el rumbo del gobierno michoacano. La ciudadanía parece enviar un mensaje claro: hay una percepción de distancia, de falta de resultados visibles en seguridad y salud, y de una gestión que no logra consolidar una narrativa de cercanía ni de eficacia.

En un estado históricamente marcado por la conflictividad social, la migración forzada y la disputa territorial entre grupos armados, la legitimidad del gobierno no se construye únicamente desde el escritorio, sino en el territorio. La baja calificación en cercanía puede ser tan significativa como la de seguridad, porque ambas están íntimamente ligadas a la confianza pública.

Alfredo Ramírez Bedolla enfrenta el reto de revertir una percepción ciudadana que lo ubica en una zona de riesgo político. La encuesta de Rubrum no es una sentencia, pero sí un termómetro que mide el pulso social. En un entorno donde la legitimidad se construye día a día, los datos muestran que Michoacán exige más que gestión: demanda presencia, resultados y conexión.

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