En la audiencia general de esta mañana en el Vaticano, el Papa León XIV profundizó en la Constitución conciliar Dei Verbum, uno de los documentos centrales del Concilio Vaticano II, y delineó tres ejes que, afirmó, sostienen la comprensión católica de la Revelación: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del depósito de la fe. El Pontífice subrayó que la Palabra de Dios no permanece estática, sino que se mantiene viva en la comunidad cristiana y debe ser transmitida íntegra a las generaciones presentes y futuras.
León XIV recordó que la fe cristiana se fundamenta en una presencia activa del Espíritu Santo, evocando las palabras de Jesús en el Cenáculo. Señaló que la Revelación no se limita a un recuerdo del pasado, sino que se actualiza en la vida de la Iglesia, permitiendo una comprensión más profunda de la enseñanza de Cristo a lo largo de la historia. Esta dinámica, afirmó, evita que el Evangelio se repita de manera mecánica y permite que ilumine realidades culturales y sociales distintas a las del siglo I.
Al abordar la relación entre Escritura y Tradición, el Papa citó directamente Dei Verbum para insistir en que ambas proceden de una misma fuente divina y forman un único conjunto orientado a la salvación. Recordó la enseñanza de los Padres de la Iglesia según la cual la Palabra de Dios fue escrita primero en el corazón de la comunidad creyente antes de quedar fijada en textos, lo que subraya que la Biblia no es un libro aislado, sino parte de la vida de la Iglesia. Añadió que la Tradición eclesial se despliega a lo largo de los siglos mediante la custodia e interpretación de la Palabra.
El Pontífice destacó que la Palabra de Dios no está “fosilizada”, retomando enseñanzas de san Gregorio Magno y san Agustín sobre su carácter dinámico. En este marco, explicó que el depósito de la fe —transmitido en la Escritura y la Tradición— debe conservarse íntegro y transmitirse con fidelidad, siguiendo la exhortación de san Pablo a Timoteo. Subrayó que custodiar no implica inmovilizar, sino permitir un desarrollo orgánico que mantenga la identidad doctrinal, tal como lo expuso John Henry Newman en su reflexión sobre el crecimiento interior de la doctrina cristiana.
León XIV afirmó que el Magisterio tiene la misión de garantizar esta fidelidad, evitando tanto rupturas con la tradición apostólica como interpretaciones rígidas que impidan el diálogo con la historia. En este sentido, llamó a obispos, sacerdotes, religiosos y laicos a asumir la responsabilidad de custodiar el depósito de la fe como una referencia estable en medio de la complejidad contemporánea.
Al concluir su catequesis, el Papa reiteró que Escritura y Tradición, bajo la acción del Espíritu Santo, no solo conservan la memoria del pasado, sino que sostienen una fe viva capaz de responder a los desafíos actuales. Señaló que esta visión reafirma la vigencia del Concilio Vaticano II como guía para la Iglesia del siglo XXI.

