En una audiencia celebrada este 11 de septiembre en el Aula del Sínodo del Vaticano, el Papa León XIV se dirigió a 192 obispos recién ordenados, provenientes de los cinco continentes, quienes participan en los cursos de formación organizados por el Dicasterio para la Evangelización y el Dicasterio para los Obispos. El Pontífice delineó los principios que deben guiar el ministerio episcopal en un contexto marcado por crisis de fe, conflictos armados, desigualdad social y transformaciones culturales.
Durante su intervención, León XIV subrayó que el episcopado no es un privilegio personal, sino un llamado al servicio del Evangelio. Enfatizó que el obispo debe ser un siervo de Dios y del pueblo, con libertad interior, pobreza de espíritu y disposición al servicio. Citando a su predecesor, el Papa Francisco, recordó que “la única autoridad que tenemos es el servicio”, y que este debe traducirse en cercanía, atención pastoral y creatividad en el anuncio del Evangelio.
El Papa instó a los obispos a adoptar un estilo de apostolado que responda a las realidades específicas de sus comunidades, reconociendo que muchas personas alejadas de la fe mantienen una búsqueda espiritual activa. Señaló que las propuestas pastorales deben adaptarse a los lenguajes y formas que permitan una acogida efectiva, especialmente en regiones afectadas por violencia, pobreza y tensiones éticas sobre la vida y la libertad.
León XIV también reflexionó sobre su propia elección como Pontífice, compartiendo con los presentes su asombro y sentido de responsabilidad. En un tono cercano, bromeó sobre su voz antes de entonar el “Veni Creator” y reconoció que aún se pregunta cómo fue elegido para el cargo.
Al concluir, el Papa llamó a los obispos a ser pastores atentos, capaces de compartir las preguntas, angustias y esperanzas del pueblo. Reiteró que la misión de la Iglesia exige una presencia activa y sensible, y oró para que el Espíritu acompañe a cada uno en su labor, extendiendo la alegría de su ordenación a las comunidades que servirán.
La jornada marcó un momento de orientación y comunión para los nuevos obispos, en el marco de una Iglesia que busca renovar su acción pastoral frente a los desafíos contemporáneos.

