Durante su estancia de verano en Castel Gandolfo, el Papa León XIV presidió la Santa Misa el 15 de julio en la capilla de la estación de los Carabineros, cuerpo policial de carácter militar que forma parte del Ministerio de Defensa de Italia. El acto se desarrolló en la Villa dei Gesuiti, propiedad de la Santa Sede, y asistieron autoridades civiles y militares, incluyendo el Ministro de Defensa Guido Crosetto y el Comandante General Salvatore Luongo.
El Pontífice centró su homilía en el principio de fraternidad cristiana como eje de las relaciones humanas y litúrgicas. Vinculó el saludo religioso “hermano” y “hermana” con una vocación de vida basada en el amor mutuo. La reflexión se extendió hacia la figura de María, descrita como primera discípula, en alusión a su papel como modelo de fidelidad en tiempos de adversidad.
León XIV evocó el 75º aniversario de la proclamación de la Virgen Fiel como Patrona del cuerpo de Carabineros, relacionando su símbolo con el juramento de lealtad del cuerpo ante el pueblo italiano. La mención sirvió de transición hacia un mensaje dirigido al contexto actual, marcado por conflictos internacionales. El Papa instó a los uniformados a “no ceder a la tentación de pensar que el mal puede tener la última palabra” y a responder con legalidad y honestidad ante las amenazas al orden social.
La liturgia se inscribe dentro de las actividades pastorales del pontífice, que ha reiterado su respaldo institucional a los servicios de seguridad cuando estos desempeñan funciones de protección civil en escenarios sensibles, como el Año Jubilar que concentra la atención de millones de peregrinos en Roma.
El discurso se enmarca en una visión del servicio público asociada a valores religiosos, con énfasis en la responsabilidad ética ante las dinámicas de violencia y desinformación que afectan el tejido social. La intervención papal refuerza la presencia simbólica de la Iglesia en espacios estatales, en una relación que combina espiritualidad, reconocimiento institucional y exhortación moral.

