Semillas de Comunión…El perdón que nos despierta a la verdad

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy me dirijo a nuestra sociedad con el corazón abierto, porque la Palabra que escuchamos en la liturgia no es un recuerdo antiguo: es un espejo que nos confronta en este mismo momento. Vivimos la Pascua, y en ella he descubierto —una vez más— que la resurrección no es un consuelo abstracto, sino una fuerza que transforma la manera en que enfrentamos la injusticia, la violencia y las ofensas que marcan nuestra vida colectiva.

Mientras contemplo el testimonio de Esteban, veo reflejada una verdad que nuestra sociedad necesita escuchar: la resistencia al Espíritu Santo sigue presente cuando cerramos el corazón, cuando nos negamos a escuchar, cuando preferimos la dureza antes que la conversión. Esteban habla con claridad profética, no para humillar, sino para despertar. Y ese despertar es urgente entre nosotros.

Hoy, al leer su martirio, me impresiona que en el momento más oscuro él mantiene la mirada en el cielo abierto. No evade la realidad, pero tampoco se deja dominar por ella. Ha recibido el Espíritu y eso lo capacita para hacer lo que parece imposible: perdonar en el instante mismo en que lo hieren. Sus palabras —“Señor Jesús, recibe mi espíritu… no les tomes en cuenta este pecado”— no son debilidad; son la victoria pascual en su forma más pura.

Pienso en nuestra propia historia reciente, en figuras como San Óscar Romero, que también muere perdonando. Pienso en tantas familias que han sufrido violencia, en quienes han sido heridos por la injusticia, en quienes cargan ofensas que parecen imposibles de soltar. Y me pregunto, como pastor y como ciudadano: ¿hemos permitido que la Pascua transforme nuestras reacciones, nuestras decisiones, nuestra manera de convivir?

La lectura nos recuerda que Saulo estaba allí, aprobando la muerte de Esteban. Y sin embargo, ese mismo Saulo será transformado por Cristo. La Pascua siempre abre caminos donde nosotros solo vemos finales. El aparente fracaso del mártir se convierte en semilla de una misión que cambiará la historia.

Hoy quiero decirlo con claridad: la mayor prueba de que la Pascua vive en nosotros es la capacidad de perdonar, no como un acto ingenuo, sino como una decisión que rompe el ciclo del odio. Nuestra sociedad necesita este testimonio. Necesita hombres y mujeres que, llenos del Espíritu, miren más allá de las piedras que reciben y descubran los cielos abiertos del amor de Dios.

Yo mismo le pido al Señor la gracia de no quedarme atrapado en las heridas, de no responder desde el enojo, de no permitir que la incomprensión cierre mi corazón. Le pido que mi vida —y la de cada uno de ustedes— sea un pequeño reflejo de esa victoria pascual que Esteban encarna con tanta fuerza.

Que aprendamos a perdonar de corazón. Que nuestro testimonio, por humilde que sea, ayude a otros a encontrar a Cristo. Que la Pascua siga fecundando nuestra historia, convirtiendo el dolor en vida y la ofensa en oportunidad de gracia.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios… La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca siempre en sus hogares.

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