Semillas de Comunión…El Pan que Sostiene mi Vida

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy me presento nuevamente ante ustedes con el corazón puesto en la oración. Como cada lunes, elevo mi súplica por todos los enfermos, para que el Señor sea su fortaleza y les conceda paciencia y fe. Oro también por nuestros hermanos desaparecidos y por quienes han perdido la vida a causa de la violencia; pido por sus familias, para que encuentren consuelo. Y pongo en las manos de Dios a nuestros hermanos con discapacidad y a quienes los cuidan, para que descubran siempre en ellos el rostro vivo de Jesús.

El Evangelio que meditamos hoy, tomado de san Juan 6, 22-29, me coloca frente a una verdad que no puedo ignorar: muchas veces busco a Jesús por aquello que puede resolver, no por aquello que Él es. La multitud que lo sigue después de la multiplicación de los panes lo hace porque ha comido hasta saciarse. Y Jesús, con una claridad que atraviesa el alma, les dice: “No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna.”

Mientras leo estas palabras, recuerdo a aquella familia que asistía siempre a la Eucaristía, excepto el papá. Él solo aparecía cuando había fiesta, cuando había celebración, cuando algo extraordinario lo movía. Para él, todo era trabajo, actividad, ocupación. Y pienso cuántas veces yo mismo he actuado igual: busco a Dios cuando algo me falta, cuando algo me duele, cuando algo me urge. Pero cuando todo parece estar en orden, me distraigo, me alejo, me justifico.

Hoy el Evangelio me confronta. Me pregunta por qué busco a Jesús. Me pregunta qué hambre es la que realmente me mueve. Me pregunta si estoy dispuesto a trabajar por ese alimento que no termina, ese alimento que no se compra ni se acumula, sino que se recibe en la relación viva con el Cristo resucitado.

La Pascua que seguimos celebrando no es un recuerdo ni un rito repetido. Es una forma nueva de alimentarme. Es la invitación a dejar de buscar a Jesús solo para resolver mis crisis temporales. Es la oportunidad de reconocer que el sello del Padre, puesto en el Hijo, se extiende también a mí por el bautismo. Y si ese sello está en mí, entonces mi vida no puede reducirse a lo inmediato, a lo urgente, a lo que se acaba.

Hoy le digo al Señor: Señor Jesús, a veces te busco solo por tus milagros y no por tu presencia. Perdona mi mirada corta que solo ve necesidades materiales. Purifica mis intenciones. Enséñame a trabajar por la fe. Haz que mi hambre más profunda seas tú, mi pan de vida y mi alegría eterna.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

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