Semillas de Comunión…Obedecer a Dios antes que a los hombres: la conciencia en tiempos de presión

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy me dirijo a ustedes como pastor y como testigo de una Palabra que sigue interpelando nuestra vida diaria. Pidamos al Espíritu Santo que ilumine este momento de oración, que nos enseñe a orar y que nos conduzca, como maestro interior, a colocarnos en la presencia de Dios y a reconocer aquello que es esencial para nuestra fe.

Hoy medito con ustedes el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro y los apóstoles comparecen ante el Sanedrín. Han sido prohibidos de predicar en el nombre de Jesús, pero su respuesta es clara, directa y vigente: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta afirmación no pertenece solo al pasado, no es un eco lejano de la primera comunidad cristiana; es una exigencia actual que atraviesa nuestras decisiones cotidianas.

Vivimos en un entorno donde con frecuencia se nos pide ceder, acomodar la conciencia, justificar acciones que sabemos que no corresponden al bien. Escucho testimonios concretos, como el de profesionales que enfrentan presiones para actuar contra sus principios, incluso en ámbitos tan delicados como la vida y la dignidad humana. En esos momentos se revela el núcleo de nuestra fe: ¿a quién obedecemos?, ¿a la voz de Dios o a la imposición de un sistema que normaliza lo contrario?

Pedro no habla desde una teoría. Él ha experimentado el miedo, ha negado a Jesús, pero ahora habla desde la certeza de la resurrección. La Pascua ha transformado su debilidad en firmeza. Por eso su palabra tiene autoridad: no es una opinión, es un testimonio. También nosotros estamos llamados a vivir así, no desde discursos, sino desde convicciones arraigadas en el encuentro con Cristo.

La enseñanza es contundente: la fe no se negocia. La conciencia no se vende. La obediencia a Dios no es un acto de rebeldía, es un acto de fidelidad. Cuando el mundo impone condiciones que contradicen el Evangelio, el cristiano no se repliega, da testimonio. Y ese testimonio no siempre será cómodo; puede traer consecuencias, incomprensión o incluso rechazo, pero es el camino que construye una sociedad con fundamento en la verdad.

Hoy invito a cada uno a revisar su propia vida. Nos preguntamos con honestidad en qué momentos hemos preferido agradar a los hombres antes que a Dios, en qué decisiones hemos silenciado la voz interior que nos llama a actuar con rectitud. Este examen no es para condenarnos, sino para volver a empezar, para recuperar la coherencia entre lo que creemos y lo que vivimos.

Señor Jesús, resucitado y exaltado como jefe y salvador, tu victoria sobre la muerte sigue actuando en medio de nosotros. Te pido que infundas en nuestros corazones la valentía necesaria para sostener la verdad, para vivir con integridad y para ser testigos de tu presencia en el mundo. Que el Espíritu Santo nos fortalezca, nos ilumine y nos sostenga en cada decisión.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro. Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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