Semillas de Comunión…“Cuando lo poco se convierte en misión”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy hago un alto en mi jornada para orar con ustedes y para dejar que la Palabra ilumine nuestra vida social, nuestras decisiones y nuestras responsabilidades comunes. En este silencio que compartimos, el Evangelio de Juan (6, 1-15) vuelve a interpelarme con fuerza: Jesús toma lo poco, lo bendice y lo convierte en alimento para todos.

Mientras contemplo esta escena, me descubro mirando a nuestra sociedad, que tantas veces calcula, teme, se encierra y concluye que “no alcanza”. Felipe hace ese cálculo. Andrés observa la insuficiencia. La multitud espera. Y Jesús, sin discursos, sin estrategias humanas, simplemente toma lo que hay y lo reparte.

Hoy, frente a este Evangelio, hablo en primera persona porque también yo he sido puesto a prueba. He visto comunidades que dudan, parroquias que temen iniciar un comedor porque “no hay recursos”, familias que se paralizan ante la escasez, ciudadanos que creen que nada cambia porque “lo que tengo es muy poco”. Pero también he visto —y lo digo con plena conciencia— que cuando alguien entrega sus cinco panes de cebada, lo poco deja de ser poco.

La lógica de Jesús no es la del cálculo, sino la de la confianza. No es la del miedo, sino la del compartir. No es la del “no alcanza”, sino la del “ponlo en mis manos”. Y esta lógica, hermanos, no es solo espiritual: es profundamente social. Una sociedad que comparte se reconstruye. Una sociedad que confía se levanta. Una sociedad que entrega lo que tiene —aunque sea pequeño— genera procesos de vida que superan cualquier pronóstico.

Hoy, mientras medito este pasaje, reconozco que Jesús no multiplica panes para impresionar, sino para enseñar. Enseña que la verdadera transformación inicia cuando dejamos de preguntarnos “¿qué tan poco tengo?” y empezamos a decir “esto pongo en tus manos, Señor”. Enseña que la abundancia nace de la solidaridad. Enseña que la Eucaristía —anticipada en este signo— es la entrega total que nos alimenta y nos envía.

Por eso, hoy le digo al Señor desde mi propia fragilidad: Toma mis cinco panes, mis límites, mis temores, mis recursos escasos. Tómalos y repártelos donde haya hambre de verdad, de justicia, de paz, de sentido.

Y se lo digo también a nuestra sociedad: No esperemos a tener mucho para empezar. No esperemos a que todo esté resuelto para actuar. No esperemos a que otros den el primer paso. La historia del Evangelio —y la historia de nuestras comunidades— demuestra que lo pequeño, cuando se entrega, sostiene a multitudes.

Que el Señor nos conceda la valentía de confiar, la humildad de compartir y la alegría de ver cómo Él transforma nuestra escasez en plenitud.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca con ustedes y los acompañe siempre.

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