Concuerdo con casi todos los postulados de la Cumbre en Defensa de la Democracia e incluso del foro Movilización Progresista Global organizado por el PSOE español y Partido Socialista Europeo. Sheinbaum asistió como mandataria al primero y mandó a una integrante de su gobierno al segundo, que no es igual, pero se parece en términos del mensaje que se manda y que se avala.
Difícil estar en desacuerdo. Quién no reclama soberanía, quién está en contra de la diplomacia, del multilateralismo y del derecho internacional, quién no condena las invasiones territoriales unilaterales, quién no está en favor del medio ambiente y, sobre todo, quiénes de nuestros lectores no están en favor de la democracia. La mayoría, también, repudia o cuando menos desaira tanto a la ultraizquierda como a la ultraderecha.
La asistencia a estos foros tiene tres resultados positivos: la presencia internacional de México, el reforzamiento de la prensa internacional de Sheinbaum que, aunque va a la baja, sigue siendo buena y la distensión de la relación con España.
Uno más, de pronóstico reservado porque a querer o no es una cumbre anti-Trump y contrasta con su abominable alianza Escudo de las Américas en marzo pasado. Los foros que se llevaron a cabo en Barcelona no tuvieron como referente a Trump pero sí a sus políticas. Y bien merecido se lo tiene.
Pero por casa se empieza.
Tienen razón los asistentes a la Cumbre y al Foro que “la democracia no puede darse por sentada”. Vaya que en México lo sabemos. Tienen razón también en eso de que “el eje ya no es derechas e izquierdas” es “demócratas y anti-demócratas”. Pero por casa se empieza. México debería ser el primero.
Qué credenciales tiene nuestro país para pedir que el 10% de los recursos que se utilizan en armamento se usen para sembrar árboles, (“sembrar vida” dice Sheinbaum) cuando el capricho del Tren Maya costó de 7 a 10 millones de árboles, la deforestación de más de 6,600 hectáreas de selva, la perforación de cuevas y cenotes para colocar pilotes de concreto que contaminaron el acuífero subterráneo y la afectación de especies nativas. Cuando han asesinado o desaparecido a activistas ambientales.
En dónde quedó el principio de no intervención que tanto proclama la 4-T cuando la presidenta sostiene una cartulina que dice “Cristina Libre”. A la expresidenta de Argentina un mensaje que reza “Fuerza Cristina”. A María Corina Machado ni una palabra. Ni ahora, ni cuando ganó el Premio Nobel de la Paz. Apoyar a Cristina condenada por corrupción está bien, apoyar a María Corina es intervencionismo. Dónde la condena a Rusia y el apoyo a Ucrania que lucha por su soberanía territorial.
Apoyar a Cristina condenada por corrupción está bien, apoyar a María Corina es intervencionismo.
En dónde quedó el derecho internacional cuando se descalificó rotundamente el Informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU-DH.
En dónde quedó la condena al régimen de Maduro y ahora de Delcy Rodríguez o a la dictadura del gobierno cubano. Porque, hasta donde sé, ningún mexicano está contra el pueblo cubano sino contra su gobierno.
Cómo sostener el respeto a los derechos humanos cuando en México se violan todos los días y se quita a la ciudadanía derechos fundamentales frente a la autoridad.
Sobre todo, cómo formar parte de un movimiento en favor de la democracia cuando en los últimos ocho años lo que hemos tenido es un debilitamiento -por decirlo suavemente- de esa misma democracia que se presume en los discursos y se desecha en la práctica. Cómo defender la democracia en un foro internacional cuando en casa el régimen se ha convertido en el manual del populismo y la autocracia electoral, aunque en los discursos se le aderece con el adjetivo de izquierda.
No veo, como dijera Lula, que con estas reuniones esté creciendo el rebaño progresista.
En todo caso, por casa se empieza.

