Por Amaury Sánchez G.
No hay narco sin consumidor… ni culpa que viaje en barco sin comprador esperando en el muelle
Hay discursos que nacen para explicar el mundo… y otros que nacen para esconderlo. El de VOX pertenece, sin rodeos, a la segunda especie.
Exigirle a Claudia Sheinbaum que pida disculpas por “inundar” de drogas las calles de España no es diplomacia: es teatro político. Un teatro con libreto fácil, con villano extranjero y con público interno que aplaude sin hacer preguntas incómodas.
Porque la verdad —esa que incomoda y no da votos— es más simple y más brutal: las drogas no se consumen solas.
Nadie en México obliga a nadie en Madrid, en Barcelona o en Valencia a llevarse una línea a la nariz o una pastilla a la boca. Nadie desde Palacio Nacional dicta el menú nocturno de los bares europeos. Nadie exporta adicciones como si fueran mercancía con factura oficial. Lo que sí existe —y eso VOX lo omite con habilidad quirúrgica— es una realidad global donde el narcotráfico es un negocio de dos puntas: quien vende… y quien compra.
Y Europa compra.
Compra con dinero limpio que se vuelve sucio. Compra con redes que operan dentro de sus propias fronteras. Compra con puertos que reciben, con mafias que distribuyen y con consumidores que sostienen, peso por peso, el negocio criminal que tanto dicen condenar.
Pero es más fácil culpar a México.
Más cómodo, más rentable políticamente, más útil para construir un enemigo externo que distraiga de lo interno. Porque aceptar que el problema también es propio implicaría reconocer fallas en seguridad, en salud pública, en prevención, en educación… y en una cultura de consumo que nadie quiere tocar.
Ahí es donde la narrativa de VOX se desmorona.
Porque no se puede hablar de “invasión de drogas” sin hablar de la demanda que la recibe con los brazos abiertos. No se puede exigir disculpas sin asumir responsabilidades. No se puede construir moral desde la omisión.
México, con todos sus claroscuros, no está cruzado de brazos. El gobierno de Claudia Sheinbaum combate —con errores, sí, pero también con determinación— a organizaciones criminales que no reconocen fronteras. No fabrica droga desde el Estado, no la promueve, no la celebra. La enfrenta.
Y mientras México pone muertos, operativos, decomisos y desgaste institucional, hay quienes del otro lado del océano prefieren repartir culpas en lugar de compartir responsabilidades.
Eso no es política internacional.
Eso es oportunismo.
Porque si de verdad España quiere calles limpias, tendrá que empezar por mirarse al espejo. Por reconocer que el consumo no es importado: es propio. Que el mercado no se impone: se construye. Y que el narcotráfico no es un fenómeno mexicano… es un fenómeno global alimentado por decisiones locales.
España no necesita disculpas de México.
Necesita decisiones de España.
Porque mientras haya quien compre, siempre habrá quien venda… y ninguna indignación ideológica va a tapar lo que millones consumen en silencio.

