Queridos hermanos, el tiempo de Cuaresma es la oportunidad para profundizar en nuestra vida. Hoy, mientras contemplo el Evangelio, siento que la Palabra de Dios no solo ilumina, sino que también sacude. Me coloca frente a una pregunta que no puedo evadir y que deseo compartir con toda la sociedad: ¿Qué hemos hecho con la viña que Dios nos ha confiado?
El Evangelio según san Mateo (21, 33-43. 45-46) nos presenta al propietario que planta un viñedo, lo cuida, lo protege y lo confía a unos labradores. Pero cuando llega el tiempo de entregar frutos, ellos responden con violencia, rechazo y muerte. Incluso asesinan al hijo del dueño para quedarse con la herencia.
Esta parábola, tan antigua y tan actual, me confronta. Me hace ver que Dios sigue enviando mensajeros, sigue llamando, sigue esperando frutos de justicia, de verdad, de responsabilidad. Y nosotros, como sociedad, ¿cómo respondemos? ¿Con gratitud o con apropiación? ¿Con apertura o con indiferencia? ¿Con frutos o con excusas?
Hoy no puedo leer este Evangelio sin pensar en el asesinato de Carlos Manzo, presidente municipal de una de las ciudades más importantes de Michoacán. Un hombre que denunció abusos, que pidió ayuda, cuya voz parecía un grito en el desierto. Y que, como tantos profetas de nuestro tiempo, terminó pagando con su vida.
No es el primer caso. No será el último si no cambiamos.
La parábola de los viñadores malvados se vuelve espejo: cuando la verdad incomoda, cuando la justicia estorba, cuando la denuncia revela lo que algunos quieren ocultar, la reacción suele ser la misma: silenciar.
Pero la muerte de un justo nunca es inútil. Es semilla. Es reclamo. Es llamado.
La Cuaresma es el tiempo de podar la viña del corazón. Y hoy, como pastor, siento la urgencia de decirlo con claridad:
No somos dueños de nada. Somos administradores de todo.
La vida, la fe, la comunidad, la autoridad, la justicia, la paz… todo nos ha sido prestado.
Dios sigue enviando señales:
- personas necesitadas,
- situaciones que nos interpelan,
- voces que claman,
- profetas que denuncian,
- su Palabra que insiste.
La pregunta es directa: ¿los escuchamos o los sacamos fuera porque incomodan nuestros planes?
El dueño del viñedo envía una y otra vez a sus siervos antes de enviar a su hijo. Esa insistencia es reflejo de la misericordia divina. Dios no se cansa de darnos oportunidades. Pero también nos recuerda que llegará el momento de rendir cuentas.
Hoy, como sociedad, estamos llamados a producir frutos de justicia, de verdad, de solidaridad, de paz. No podemos seguir normalizando la violencia, la corrupción, la indiferencia. No podemos seguir matando a los profetas de nuestro tiempo.
Señor de la viña, en este tiempo de Cuaresma te pedimos perdón por las veces que hemos querido ser dueños de lo que es tuyo.
Danos un corazón humilde para reconocer a tu Hijo como la piedra angular de nuestra vida.
No permitas que nuestra esterilidad nos aleje de tu Reino.
Ayúdanos a producir los frutos de caridad y justicia que tú esperas de nosotros.
Que al llegar la Pascua podamos presentarte una cosecha abundante nacida de un corazón renovado. Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

