Padre Julio César Fajardo Aguilar reflexiona sobre la verdadera dicha en su homilía en la Rectoría del Señor de la Columna

by Enlace Noticias

Durante la celebración eucarística en el templo de la Rectoría del Señor de la Columna, el padre Julio César Fajardo Aguilar dirigió una homilía centrada en el sentido profundo del Evangelio y en la búsqueda de la verdadera dicha en medio de la fragilidad humana. Su mensaje subrayó que el Evangelio no es un conjunto de reglas, sino una buena noticia que debe generar gozo y orientar a la comunidad hacia una comprensión más auténtica de la felicidad.

El sacerdote advirtió sobre los discursos que prometen soluciones inmediatas o fórmulas de bienestar, especialmente aquellos difundidos en redes sociales o en corrientes que presentan la felicidad como un producto alcanzable por decreto. Señaló que la vida real incluye incertidumbre, enfermedad, pérdidas y momentos de prueba, y que la fe no elimina estas experiencias, sino que ofrece una perspectiva distinta para enfrentarlas.

En su reflexión, retomó las bienaventuranzas como núcleo del mensaje cristiano, destacando que la dicha no es una promesa futura, sino una realidad posible en el presente para quienes, aun en medio de la pobreza, el llanto, la injusticia o la persecución, mantienen su confianza en Dios. Subrayó que la enfermedad no constituye un obstáculo para la fe ni una desgracia absoluta, sino un espacio donde muchas personas encuentran fortaleza espiritual.

El padre Fajardo Aguilar compartió ejemplos de experiencias personales y comunitarias para ilustrar cómo la fe sostiene a quienes atraviesan pérdidas familiares, crisis de salud o situaciones de desconsuelo. También advirtió sobre la tendencia a depositar expectativas en bienes materiales, proyectos personales o incluso en otras personas, recordando que estos pueden fallar, mientras que la fe se presenta como un bien que no decepciona.

El sacerdote insistió en que la dicha cristiana no se basa en la ausencia de problemas, sino en la certeza de que la historia personal se encuentra en manos de Dios, aun cuando el camino incluya dolor o incertidumbre. En este sentido, reiteró que las bienaventuranzas no justifican la injusticia ni el sufrimiento, sino que reconocen la dignidad y la esperanza de quienes perseveran en medio de ellos.

La homilía concluyó con un llamado a vivir el mes de la salud con confianza, valentía y apertura espiritual, reconociendo que la verdadera alegría se encuentra en la relación con Dios y no en expectativas pasajeras. Invitó a la comunidad a asumir la vida con sus desafíos y a sostenerse en la fe como fuente de sentido y fortaleza.

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