Durante la homilía en la rectoría del Templo del Señor de la Columna, el Padre Julio César Fajardo Aguilar articuló un mensaje dirigido a la conciencia católica, estructurado en una línea continua, directa y de impacto. Su discurso se centró en tres afirmaciones que, según expuso, deben orientar la vida espiritual: Jesús es la puerta, Jesús es el pastor y la verdad es la voz que permite reconocerlo. A partir de estas ideas, advirtió sobre influencias, contenidos y dinámicas que se infiltran sin pasar por el discernimiento cristiano.
El sacerdote afirmó que nada debe entrar al corazón sin pasar por Cristo, a quien definió como la única puerta legítima. Señaló que muchas ideas, hábitos y contenidos se introducen sin vigilancia y generan daño: “El que no entra por la puerta es un bandido… si no pasa por la puerta es porque quiere destruir”. Subrayó que la vida espiritual se ve afectada por elementos que se filtran sin ser expuestos a la luz del Evangelio, especialmente a través de redes sociales, dispositivos móviles y contenidos no supervisados que alcanzan a niños, jóvenes y adultos.
En un segundo eje, cuestionó quién dirige realmente la vida de cada persona. Preguntó: “Si Jesús no es mi pastor, entonces, ¿quién sí lo es?” y advirtió que diversas figuras pueden ocupar ese lugar: políticos, dinero, placer, redes sociales o la búsqueda de aprobación digital. Señaló que estas influencias no buscan el bien del creyente: “Al influencer no le preocupa su seguidor. Le preocupa lo que va a sacar de su seguidor”. En contraste, afirmó que el pastoreo de Jesús no asfixia ni condiciona, sino que permite respirar y vivir con libertad: “Si yo me dejo pastorear por Jesús… no me voy a ahogar en la caja”.
El tercer punto de su mensaje se centró en la capacidad de reconocer la voz del pastor. Dijo que la voz de Cristo se identifica por su vínculo con la verdad: “Las ovejas conocen mi voz… la voz del pastor es la verdad”. Advirtió que el mundo está saturado de voces que confunden, manipulan o distorsionan, desde opiniones en redes sociales hasta discursos que se presentan como autoridad moral o psicológica. Señaló que el criterio para discernir es la verdad, y pidió a los fieles solicitar guías que hablen con claridad: “Señor, mándanos a alguien que nos diga la verdad”.
El Padre Fajardo cerró su homilía con una síntesis que articuló como una ruta de vigilancia espiritual: cuidar lo que entra, identificar quién dirige la vida y reconocer la verdad como la voz del pastor. Su llamado se dirigió a revisar con rigor lo que se consume, lo que se permite influir y lo que se transmite a otros, para evitar que elementos ajenos al Evangelio condicionen la vida interior y las decisiones cotidianas de la comunidad católica.

