En la XV Marcha por la Vida realizada en la Ciudad de México, organizaciones convocadas por Pasos por la Vida entregaron un pliego petitorio al Congreso capitalino y cuestionaron que, a casi dos décadas de la despenalización del aborto, las promesas de bienestar para las mujeres “no se han cumplido”. Frente a más de dos mil asistentes provenientes de 20 ciudades, las voceras afirmaron que la violencia no ha disminuido, la pobreza no ha terminado y la soledad de miles de mujeres sigue sin ser atendida por las autoridades.
Durante el recorrido del Monumento a la Revolución al Palacio Legislativo de Donceles, las participantes señalaron que el aborto “no es un reflejo de libertad, sino de un Estado que ha fallado en brindar apoyo y seguridad”. En su posicionamiento, recordaron que “desde la despenalización en 2007 y hasta 2025, se han registrado más de 320 mil abortos en el país”, y contrastaron estas cifras con los más de 30 mil homicidios anuales. “La paz no se decreta, la paz se construye, y no podrá haberla si no hay respeto a la vida desde su inicio”, afirmaron.
En las escalinatas del Congreso, la presidenta de Pasos por la Vida, Luisa Argueta, acompañada por la diputada Juliana Hernández y las voceras Alice Galván, Frida Espinosa y Cadmaliel León, advirtió sobre el riesgo de normalizar la violencia. “Cuando una sociedad se acostumbra a la violencia, deja de reaccionar”, señalaron, al tiempo que alertaron sobre la eutanasia, a la que calificaron como una práctica que “elimina al que sufre en lugar de acompañarlo”.
Argueta subrayó que “cada niño defendido es victoria, cada mujer acompañada es victoria, cada mujer fortalecida es victoria, cada vida protegida es victoria”, y llamó a fortalecer políticas públicas que atiendan las causas sociales y emocionales que afectan a mujeres en situación de vulnerabilidad.
El pliego petitorio entregado al Congreso incluye cinco demandas: protección a la vida desde la concepción hasta la muerte natural; políticas públicas de apoyo efectivo a mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad; presupuesto para maternidad, adopción, salud mental y cuidados paliativos; transparencia en cifras de aborto, violencia de género y desapariciones; y respeto a la objeción de conciencia del personal de salud.
La marcha, integrada por jóvenes, familias y asociaciones religiosas, concluyó con un llamado a que la respuesta institucional frente al dolor no sea la muerte, sino el cuidado, la cercanía y el fortalecimiento de la familia como primer espacio de prevención y paz.

