Entre canto y resistencia: Morelia corre con el pulso de La Infantería

by Enlace Noticias

El conteo regresivo rompió el aire de la mañana. “En tres, dos, uno… ¡vámonos, suerte!”. Y entonces, el primer paso. No fue solo el arranque de una carrera: fue el inicio de una escena donde la disciplina militar, la memoria histórica y la emoción colectiva avanzaron al mismo ritmo sobre el asfalto de Morelia.

Frente al cuartel general de la 21 Zona Militar, la jornada conmemorativa por el Día de la Infantería encontró su punto de partida entre aplausos, miradas firmes y respiraciones contenidas. Minutos antes, el coronel de infantería de Estado Mayor, Demian Yamil Mayoral Ojeda, comandante del 12 Batallón de Infantería, había marcado el tono con un mensaje que ancló la competencia en la historia: el 27 de abril de 1867, en el sitio de Querétaro, cuando la infantería mexicana sostuvo una de sus gestas más determinantes en la consolidación de la República.

Pero lo que siguió no fue silencio ni solemnidad contenida. Fue voz. Fue ritmo. Fue identidad. Mientras los corredores tomaban la pista, comenzó a elevarse un canto que no pedía lástima, que no admitía rendición: “Cuando tú me veas corriendo en la pista, no me tengas lástima, soy maratonista… voy para comando”. La cadencia se convirtió en impulso, en una especie de latido colectivo que acompañó cada zancada.

La figura del soldado Damián Carmona, evocada en el mensaje oficial, encontró eco en ese momento. Aquel centinela que, tras ver destruido su fusil, pidió otro para continuar, parecía correr entre los participantes. No como recuerdo distante, sino como presencia simbólica en cada esfuerzo, en cada gesto de resistencia.

La carrera avanzó entre consignas que mezclaban crudeza y convicción. “Cuando todo haya acabado… surgirá de las cenizas un fusil de infantería”. Las voces no eran aisladas; eran un coro que reforzaba la idea de permanencia, de una fuerza que no se extingue. “Las tropas de infantería nunca se van a acabar”, resonaba como declaración que trascendía el evento deportivo.

A ras de suelo, la escena era diversa: familias completas, niñas y niños, mujeres y hombres que, más allá del cronómetro, compartían el trayecto. El mensaje era claro desde el arranque: no importaba la posición de llegada, sino completar el recorrido. Sin embargo, el entorno elevó el sentido de la competencia. No era solo llegar; era resistir, avanzar, sostener el paso incluso cuando el cuerpo reclamaba.

El canto se volvió más intenso en los tramos de mayor desgaste. “Mira lo difícil de la situación… obsérvate sereno en la presión”. La frase, repetida como mantra, se convirtió en guía para quienes enfrentaban el cansancio. Y en medio de esa tensión, otra línea irrumpió con fuerza: “Habla con la muerte, vuélvete su amigo”. No como desafío vacío, sino como expresión de la formación militar que asume el riesgo como parte del deber.

Desde Morelia, con referencias a los batallones en Zamora y Tacámbaro, la jornada dejó ver una estructura que trasciende cuarteles. Por unas horas, la infantería no solo se mostró como fuerza armada, sino como comunidad en movimiento, compartiendo espacio con la ciudadanía en un terreno común: el esfuerzo físico y la memoria compartida.

Así, entre el arranque y la meta, la carrera se transformó en una crónica viva. Cada paso cargó historia, cada voz sostuvo identidad y cada corredor, sin importar su ritmo, se integró a una narrativa mayor. Una donde el pasado no se recita: se corre, se canta y se resiste.

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