El Padre Julio César Fajardo Aguilar, responsable de la Pastoral de la Salud de la Conferencia del Episcopado Mexicano, ha lanzado una reflexión profunda sobre la salud espiritual, equiparándola con las enfermedades físicas y señalando que el pecado es un factor que debilita el alma de las personas.
Durante su intervención, Fajardo Aguilar enfatizó que la enfermedad, tanto corporal como espiritual, tiene un impacto que impide a los seres humanos desarrollar sus actividades ordinarias. En este sentido, explicó que el pecado no solo representa una ofensa a Dios, sino un acto de autodestrucción que afecta la relación del individuo consigo mismo y con su entorno.
“La tristeza desmedida, el desánimo y la aberración a lo sagrado pueden ser síntomas de una enfermedad espiritual”, advirtió el sacerdote, quien señaló que muchas veces los creyentes tienen una visión distorsionada de Dios, ya sea viéndolo como un ser castigador o como alguien complaciente que aprueba todas sus acciones sin consecuencias.
El análisis del religioso también abordó lo que llamó «cataratas espirituales», una incapacidad de ver con claridad el verdadero rostro de Dios y la Iglesia, lo que deriva en conciencias extremas: desde el escrupuloso que considera todo pecado hasta el laxo que justifica cualquier conducta.
Finalmente, el Padre Fajardo advirtió sobre el consumo de «alimentos espirituales chatarra», refiriéndose a prácticas ajenas a la doctrina cristiana, como el sincretismo con cultos alternativos o la mercantilización de experiencias espirituales.
Su mensaje concluyó con un llamado a la reflexión: “Si desconocemos a Jesús, si solo tenemos una idea sobre Él y no una experiencia auténtica, nuestra espiritualidad se enferma”.
Esta perspectiva invita a los fieles a examinar su vida espiritual con la misma seriedad con la que cuidan su salud física, buscando una relación más genuina con Dios basada en el amor y la verdad.

