La convocatoria a una vigilia mundial de oración por la paz, anunciada para el sábado 11 de abril de 2026, tomó fuerza en México tras el llamado del Papa León XIV a no normalizar la violencia y a “hacer oír el grito de paz que brota del corazón”. El mensaje, difundido en días recientes, subrayó que la paz que propone el Evangelio “no se limita a silenciar las armas”, sino que exige transformar los conflictos en oportunidades de reconciliación y renunciar a cualquier forma de dominio o imposición.
El Pontífice afirmó que “la paz que Jesús nos entrega toca y transforma el corazón”, y exhortó a quienes detentan poder político o militar a abandonar decisiones que alimentan la confrontación: “Quienes tienen armas en sus manos las abandonen. Quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz. No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”. La declaración, una de las más directas de su pontificado, se produce en un contexto global marcado por conflictos prolongados y en un país donde la violencia cotidiana continúa generando víctimas.
En México, la convocatoria fue retomada por comunidades religiosas y organizaciones que llamaron a colocar veladoras, mantas y signos con la palabra “PAZ” en espacios públicos durante la tarde y noche del sábado. Los templos católicos fueron invitados a replicar las campanas y rezar el rosario al mediodía como gesto de unidad con la vigilia encabezada por el Papa en la Plaza de San Pedro. Además, se propuso realizar oraciones ecuménicas entre católicos y cristianos, así como encuentros interreligiosos para promover gestos simbólicos que fortalezcan el compromiso colectivo con la paz.
El mensaje difundido en México insistió en que la violencia “desafía a romper barreras, mover piedras y abrir puertas” para hacer presente la verdad, la justicia y la paz. La convocatoria subraya que la construcción de paz no es un acto aislado, sino una responsabilidad cotidiana en la familia, la comunidad y el territorio. El texto advierte que la velocidad con la que se expande la violencia exige respuestas que integren diálogo, corresponsabilidad y acciones visibles que contrarresten la indiferencia social.
La iniciativa también incluyó una oración orientada a promover encuentros significativos, asumir responsabilidades en el hogar, el trabajo y la escuela, y reconocer que la seguridad comunitaria depende de la cooperación entre personas y territorios. El llamado concluye recordando que “todos somos llamados a orar y trabajar desde cada rincón del país”, en un esfuerzo que busca convertir la jornada del 11 de abril en un acto público de rechazo a la violencia y de exigencia de paz sostenible.
La convocatoria, aunque centrada en la oración, tiene implicaciones más amplias: visibiliza el deterioro de la seguridad, interpela a autoridades y actores armados, y coloca en el debate público la urgencia de respuestas que no se limiten a discursos. El énfasis del Papa en que la paz no puede imponerse por la fuerza y que la violencia no puede justificarse bajo ningún argumento plantea un desafío directo a contextos donde la confrontación se ha vuelto habitual.

