La salud del Papa Francisco sigue siendo motivo de atención en el Vaticano. Tras su hospitalización de 38 días en el Policlínico Gemelli debido a una neumonía bilateral, el Pontífice continúa su convalecencia en la Casa Santa Marta, bajo estricta supervisión médica y con un tratamiento que incluye terapia farmacológica y fisioterapia respiratoria y motora.
Los médicos que lo atendieron, Sergio Alfieri y Luigi Carbone, han estimado que su recuperación podría durar al menos dos meses, aunque su evolución marcará el ritmo de su regreso a la actividad plena. Por ahora, Francisco no recibe visitas y su agenda sigue suspendida, a la espera de mejoras clínicas que permitan evaluar su participación en eventos clave como las celebraciones de Semana Santa y el Jubileo 2025.
Momentos críticos y una decisión que marcó su destino
El doctor Alfieri reveló en una entrevista con Il Corriere della Sera que el Papa atravesó dos episodios críticos durante su hospitalización, el más grave el 28 de febrero, cuando sufrió una severa crisis de broncoespasmo que puso en riesgo su vida. “Por primera vez vi lágrimas en los ojos de quienes le rodeaban. Se temió lo peor”, confesó el médico.
Ante la difícil encrucijada médica, el equipo debió optar entre dejar que su cuerpo luchara naturalmente o recurrir a tratamientos intensivos que implicaban riesgos adicionales. La decisión final recayó en el propio Francisco, quien, como en otras ocasiones, exigió total transparencia sobre su estado de salud.
Sucesión de dudas y un Vaticano en incertidumbre
Mientras el Papa se recupera, el Vaticano enfrenta un periodo de incertidumbre sobre el futuro inmediato de su líder. La Oficina de Prensa ha confirmado que el texto de la catequesis de la audiencia general de mañana será difundido por escrito, y no se descarta que ocurra lo mismo con el Ángelus del próximo domingo.
Aunque el Santo Padre ha retomado algunas tareas desde su residencia, su recuperación marcará el rumbo del Vaticano en los próximos meses. La comunidad católica sigue expectante, con la mirada puesta en la resistencia de un Papa que, a sus 88 años, sigue enfrentando con firmeza los desafíos de su salud.

