En el Domingo del Buen Pastor, el Papa León XIV colocó en el centro del debate internacional el uso de la energía atómica y la responsabilidad de los Estados. Tras dirigir el Regina Caeli desde el Palacio Apostólico, el Pontífice recordó el 40 aniversario del accidente de Chernóbil y lanzó un mensaje directo: “Espero que, en todos los niveles de toma de decisiones, prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que todo uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz”.
El Papa subrayó que el desastre de 1986 “sigue siendo una advertencia sobre los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más potentes”, y encomendó “a la misericordia de Dios a las víctimas y a quienes aún sufren sus consecuencias”. Su intervención reactivó la discusión global sobre seguridad nuclear en un contexto de tensiones geopolíticas y expansión tecnológica.
Horas antes, León XIV había presidido en la Basílica de San Pedro la ordenación de diez nuevos sacerdotes para la diócesis de Roma. Desde la ventana del Palacio Apostólico, pidió a los fieles acompañar a los recién ordenados: “Acompañen siempre a estos jóvenes ministros del Evangelio con sus oraciones”.
En su mensaje posterior, el Papa dirigió saludos a los grupos presentes en la Plaza de San Pedro, entre ellos miembros de la Orden de San Jorge, niños del grupo de danza Malva de Ucrania, el Coro Cantica Sacra de Eslovaquia, fieles de Viena, Madrid y las Islas Canarias, así como jóvenes peregrinos de diversas diócesis italianas.
El Pontífice cerró su intervención con un llamado a mantener la atención sobre los desafíos globales y la responsabilidad colectiva frente a decisiones tecnológicas y humanitarias. Su referencia a Chernóbil, en un aniversario simbólico, colocó nuevamente en la agenda internacional la necesidad de evaluar los riesgos y alcances del desarrollo nuclear bajo criterios de seguridad, ética y paz.

