Durante la celebración dominical en la rectoría del Señor de la Columna, en Morelia, el presbítero Julio César Fajardo Aguilar centró su homilía en una advertencia directa: la pérdida de la paz personal y social ocurre cuando se abandona el camino y la verdad que, afirmó, deben guiar la vida comunitaria. Con ejemplos cotidianos y referencias bíblicas, el sacerdote planteó que las decisiones individuales y colectivas tienen consecuencias visibles en un contexto marcado por tensiones y desconfianza.
El sacerdote inició con una imagen que buscó conectar con la experiencia común: la sensación de riesgo cuando un conductor toma una ruta distinta a la marcada por una aplicación de transporte. “Cuando no se sigue el camino, lo que se pierde es la paz”, expresó, al subrayar que conocer el destino y mantenerse en la ruta correcta genera tranquilidad. Según dijo, esta lógica aplica también a la vida pública, donde las desviaciones —por decisiones, conductas o estilos de vida— terminan por alterar la estabilidad.
A partir del pasaje evangélico “No pierdan la paz”, Fajardo Aguilar sostuvo que la pérdida de rumbo se refleja en acciones que desembocan en consecuencias previsibles. “Si sigo en el camino de la violencia, la mentira, etcétera, piense que esto va a tener el final de una consecuencia”, afirmó, al insistir en que cada elección personal o social conduce a un punto concreto que debe ser reconocido con responsabilidad.
El sacerdote dedicó un tramo amplio de su mensaje a la noción de verdad, a la que definió como objetiva y no dependiente de opiniones individuales. “La verdad no es el acuerdo de espíritus. No porque todo el mundo lo diga es verdad”, citó, al advertir sobre discursos que, desde su perspectiva, buscan relativizar principios fundamentales. Para ilustrarlo, recurrió a ejemplos extremos: “Así de absurdo es no vivir la verdad”, dijo al mencionar a grupos que sostienen que la Tierra es plana o a quienes afirman ser algo distinto de lo evidente.
Fajardo Aguilar señaló que manipular la verdad provoca fracturas personales y sociales, mientras que asumirla —aunque resulte difícil— permite recuperar estabilidad. “Cuando nosotros no vivimos en la verdad… perdemos la paz”, afirmó, y añadió que enfrentarla tiene un efecto liberador: “Por fin sale la verdad… descansa”.
En la parte final, el sacerdote retomó la tríada que articuló su homilía: camino, verdad y vida. Aseguró que seguir un rumbo firme, aceptar la verdad revelada y vivir conforme a ella genera frutos visibles en la comunidad. Advirtió, sin embargo, que muchas personas “andan heridos” o “muertos en vida” porque no se han reencontrado con ese sentido profundo. “Qué terrible que algo nos arrebate la paz, especialmente si es la mentira”, expresó.
El presbítero concluyó con un llamado a sostener la fe desde la razón y el diálogo, al afirmar que la tradición cristiana puede interactuar con la ciencia y el pensamiento contemporáneo sin renunciar a sus fundamentos. “Nuestra fe está sustentada en la verdad… no estamos escondiéndonos de una fe pobre”, señaló, antes de invitar a la comunidad a mantener la paz mediante la coherencia entre camino, verdad y vida.

