En el IV Domingo de Pascua, conocido como el Domingo del Buen Pastor, el Papa León XIV utilizó su mensaje previo al rezo del Regina Caeli para plantear una serie de advertencias directas sobre los riesgos que, según dijo, pueden “robar, matar y destruir” la vida interior de las personas. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice afirmó que el Evangelio invita a un examen profundo: “Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada; al contrario, es el Buen Pastor, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia”.
El Papa centró su reflexión en la figura del Buen Pastor y en el contraste con lo que llamó “ladrones”, una categoría que definió con fuerza: “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir”. A partir de esta imagen, advirtió que existen actores, ideas y prácticas que pueden ingresar en la vida personal sin ser detectados y alterar la libertad, la dignidad y la claridad de conciencia.
En su mensaje, León XIV señaló que Jesús “no viene como un ladrón para robarnos la vida y la libertad”, sino para guiar y “abrir las alegrías terrenales a una felicidad más plena”. Sin embargo, insistió en que la vigilancia interior es necesaria ante aquello que puede “coartar la libertad”, “no respetar la dignidad”, “impedir una visión clara” o “vaciar interiormente” a las personas. Entre esos riesgos mencionó prejuicios, decisiones erróneas, estilos de vida consumistas y acciones que afectan a la humanidad en su conjunto, como “saquear los recursos de la tierra”, “librar guerras sangrientas” o “alimentar el mal en cualquiera de sus formas”.
El Pontífice planteó preguntas que, dijo, deben orientar la reflexión personal: “¿Quién queremos que guíe nuestras vidas? ¿Quiénes son los ‘ladrones’ que han intentado entrar en nuestro interior? ¿Lo han logrado, o hemos podido rechazarlos?”.
El mensaje se produjo en el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, después de que el Papa presidiera la ordenación de nuevos sacerdotes en la Basílica de San Pedro. Su intervención combinó un llamado a la responsabilidad espiritual con una advertencia sobre factores que, según su planteamiento, pueden condicionar la vida social y personal si no se identifican a tiempo.
El discurso cerró con una invitación a revisar el rumbo individual y colectivo, en un contexto en el que el Papa insistió en la necesidad de distinguir entre quien guía y quien irrumpe para desviar, robar o destruir.

