Espada del Augurio… Se están comiendo el cochinito

by Enlace Noticias

Por: Pedro Hugo Montero

El cartón de Antonio Garcí (Monero) no necesita explicación… pero sí pausa. Un grupo de cavernícolas —toscos, desbordados, primitivos— avanza en manada cargando lo que queda de un enorme cochinito rosa hecho pedazos. Lo atraviesan huesos, lo sostienen entre gritos, lo celebran como botín. En el cuerpo del cerdo, una sola palabra: AFORES.

Al fondo, no hay instituciones. No hay orden. No hay futuro. Solo saqueo.

Y arriba, como título irónico: “Gobiernícolas regresando de otra exitosa cacería”.

No es caricatura. Es diagnóstico.

Porque mientras el país intenta sostenerse con una economía debilitada, un crecimiento que no convence ni a los propios expertos y una deuda que ya roza niveles históricos, el gobierno de Claudia Sheinbaum parece haber tomado una decisión: si no alcanza, se toma. (ya se la saben, mi gente)

Ahí están los datos.

  • Crecimiento proyectado optimista, pero desmentido por la realidad.
  • Inversión cayendo por 17 meses consecutivos.
  • Consumo desacelerándose.
  • Empleo formal creciendo… pero cada vez menos.

Y mientras organismos internacionales ajustan expectativas a la baja, Hacienda insiste en números que, como señalan analistas, parecen más deseo que diagnóstico.

Porque cuando no hay crecimiento… se busca control.

Y ahí entra la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Avalar que la Unidad de Inteligencia Financiera pueda congelar cuentas bancarias sin orden judicial. Bajo sospecha, sin juicio, ni defensa previa. Lo vendieron como herramienta contra el crimen. Pero en los hechos, como advirtieron analistas, es un arma de doble filo. Porque congelar una cuenta no es un trámite administrativo. Es asfixiar a una persona, es paralizar una empresa, es condenar sin sentencia.

Y en un país donde el poder ya ha demostrado su tentación de usar las instituciones como instrumento político —desde los tiempos de Santiago Nieto hasta la gestión de Pablo Gómez—, el riesgo no es teórico. Es histórico.

Y en redes sociales, la reacción no tardó.

La conversación en X y Facebook estalló con una mezcla de enojo, miedo y sarcasmo:

  • Ya no necesitas ser culpable, solo incómodo.”
  • Congelan cuentas sin juez… pero no tocan a los suyos.”
  • Esto no es combate al crimen, es control político.”
  • Primero los ahorros, luego las cuentas… ¿qué sigue?

Publicaciones como las de Mario Di Costanzo advierten que estas decisiones no solo vulneran derechos, sino que abren la puerta a un uso discrecional del sistema financiero.

Y el tono general es uno solo: Desconfianza.

La pregunta es simple, si el objetivo es combatir el lavado… ¿por qué no empezar por los propios?, ¿Por qué no investigar a los señalados dentro del oficialismo? La respuesta también es simple. Porque no se trata de justicia. Se trata de control.

Y cuando el control no alcanza… aparece el ahorro.

Las AFORES. El cochinito. El gobierno insiste en que no hay expropiación, que son inversiones, que habrá “candados técnicos”, como asegura la Amafore. Pero el problema no es el discurso técnico. Es la desconfianza política.

Porque en redes, el mensaje es brutal:

  • “Dijeron que no tocarían el dinero… hasta que lo necesitaron.”
  • “Le llaman inversión, pero se siente como saqueo.”
  • “Si no hay dinero, van a ir por el nuestro.”

Mientras tanto, el Servicio de Administración Tributaria endurece procesos, complica devoluciones y castiga al contribuyente formal.

Y eso también se refleja en la conversación digital:

  • “Trabajas más, pagas más… y te regresan menos.”
  • “El SAT te persigue más que a los delincuentes.”
  • “Ser formal en México es un castigo.”

Y entonces pasa lo inevitable.

  • Crece la informalidad.
  • Se frena la inversión.
  • Se rompe la confianza.

Lo advirtieron voces como Ramón Alberto Garza y Pedro Ferriz.

Pero más allá de analistas, lo que hoy pesa es la percepción social: Que el gobierno no está resolviendo la crisis…la está trasladando.

El cartón de Garcí no exagera. Se queda corto. Porque en esa escena no solo están cargando un cochinito roto. Están cargando algo más grave: La confianza de millones.

Y cuando esa confianza se rompe…no hay reforma, programa social o discurso que la reponga.

Porque al final, el problema no es técnico.

Es moral.

Y en México, cada vez más, la sensación es que el gobierno no está gobernando la escasez…la está repartiendo.

#DisfrutenLoVotado

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