En su columna Bitácora, publicada en el diario Excélsior bajo el título “Señor Bedolla, le quedan cinco días”, el periodista y director del medio, Pascal Beltrán del Río, plantea una crítica directa a la permanencia del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, señalando que su continuidad representa una crisis de Estado con repercusiones federales.
El texto sostiene que el origen del mandato de Ramírez Bedolla fue contingente, producto de la descalificación del candidato original de Morena, Raúl Morón Orozco, lo que debilitó su legitimidad desde el inicio. A cuatro años de su gestión, el artículo argumenta que el gobierno estatal ha colapsado frente a una violencia sistemática que ha cobrado la vida de siete alcaldes y diversos funcionarios municipales, incluyendo el reciente asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, el 1 de noviembre.
Beltrán del Río documenta que la violencia no se limita al ámbito institucional, sino que ha alcanzado a líderes sociales como Hipólito Mora y Bernardo Bravo. Además, describe un escenario de conflicto armado en regiones como Tierra Caliente, donde se han detectado minas antipersona y drones con explosivos, evidenciando el control territorial de grupos delictivos.
La columna señala que en las elecciones recientes, operadores del crimen organizado lograron acceder al Congreso local, lo que compromete la autonomía legislativa. En este contexto, Ramírez Bedolla es presentado como el responsable institucional de un proceso de descomposición que, según el autor, ya genera un costo político para el gobierno federal.
El texto destaca la manifestación masiva del 7 de noviembre en Uruapan como un punto de quiebre. Miles de ciudadanos se movilizaron para exigir respuestas, y el foco de la indignación comenzó a desplazarse hacia la Presidencia de la República. Beltrán del Río advierte que, si el gobernador no renuncia antes del sábado 15 —fecha en que se han convocado protestas nacionales por parte de colectivos juveniles—, el costo político se trasladará directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum.
La columna concluye con una afirmación categórica que sintetiza su postura: “Quedarse es sabotear. Debe irse.”

