Semillas de Comunión…Escuchar la voz que sostiene nuestra vida

by Enlace Noticias

Hoy me detengo ante el Evangelio de Juan y lo hago con la conciencia de que estas palabras no solo narran un episodio antiguo, sino que atraviesan nuestra realidad presente. Jesús camina en el templo, en pleno invierno, rodeado por quienes le exigen una definición inmediata: “Dinos si tú eres el Mesías”. Y yo reconozco en esa escena una actitud que sigue viva en nuestra sociedad: buscamos certezas rápidas, respuestas inmediatas, señales contundentes que nos eviten el esfuerzo de escuchar, discernir y creer.

Jesús responde con firmeza: “Ya se los he dicho y no me creen”. Y añade algo decisivo: “Mis ovejas escuchan mi voz”. En esta frase encuentro el núcleo del mensaje que hoy quiero compartir. No se trata de información, sino de relación. No se trata de acumular datos sobre Dios, sino de reconocer su voz en medio del ruido que nos envuelve. La incredulidad de aquellos hombres no nace de la falta de pruebas, sino de la falta de fe. Y esa misma tentación nos alcanza cuando confundimos conocimiento con encuentro, estudio con seguimiento, análisis con conversión.

He aprendido que escuchar la voz del Señor exige silencio interior, oración constante y apertura sincera. En un mundo saturado de mensajes, opiniones y tensiones, la voz del Buen Pastor no compite a gritos: se ofrece con claridad a quien está dispuesto a detenerse. Y cuando esa voz es escuchada, trae consigo una promesa que sostengo con certeza: “Nadie puede arrebatarlos de mi mano”. En tiempos de incertidumbre, esta afirmación no es consuelo superficial, sino fundamento de esperanza. Nuestra vida está segura en las manos de Cristo, incluso cuando atravesamos dudas, miedos o persecuciones.

Como Iglesia, este pasaje nos recuerda que la unidad no es un ideal abstracto, sino una responsabilidad concreta. Así como el Hijo y el Padre son uno, nuestras comunidades están llamadas a reflejar esa unidad superando divisiones, prejuicios y confrontaciones que debilitan nuestro testimonio. Una comunidad que escucha la voz de Cristo se convierte en espacio de encuentro, en lugar donde la fe se traduce en obras de justicia y servicio hacia quienes más lo necesitan.

Hoy le pido al Señor que nos conceda la gracia de reconocer su voz en la oración, en la Palabra, en el hermano y en los acontecimientos que marcan nuestra vida. Que no permitamos que el invierno de la incredulidad nos paralice. Que nuestra fe sea camino, no refugio; impulso, no evasión; compromiso, no apariencia. Y que nuestra sociedad encuentre en la comunidad cristiana un signo de unidad, de escucha y de esperanza.

Ver también