Espada del Augurio…No estamos listos para un Mundial

by Enlace Noticias

Por: Pedro Hugo Montero

México ya organizó dos Mundiales, y los organizó bien.

El de Copa Mundial de la FIFA 1970 fue histórico: estadios llenos, una imagen internacional sólida y el mejor fútbol del planeta con Pelé levantando la copa.

El de Copa Mundial de la FIFA 1986 fue resiliencia pura: un país golpeado que, aun así, logró organizar un torneo memorable, coronado por la genialidad de Diego Armando Maradona.

México fue, entonces, un anfitrión a la altura del mundo.

Hoy, la pregunta es incómoda:

¿Qué pasó? Porque a diferencia de aquellos años, donde el reto era organizar… hoy el problema es sostener lo básico.

Infraestructura que no da, seguridad que no alcanza, movilidad que colapsa, confianza que no existe.

Empecemos por la puerta de entrada.

El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sigue operando al límite, parchado entre obras, restricciones y saturación crónica. Menos vuelos, más presión, peor experiencia.

Y como plan alterno, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles: un aeropuerto que existe… pero no conecta, lejos, mal comunicado, sin transporte eficiente hacia la ciudad y con una percepción internacional que dista mucho de ser competitiva. México no tiene un hub aeroportuario funcional, tiene un problema partido en dos.

Salir del aeropuerto sigue siendo una disputa entre taxis tradicionales y aplicaciones como Uber o DiDi, en un conflicto que lleva años y que ningún gobierno ha querido —o podido— resolver.

Y si el visitante decide ir al partido inaugural en el Estadio Azteca, la ruta no mejora.

Obras en Calzada de Tlalpan, tráfico estructural, una ciclovía inoperante, transporte público saturado… y un estadio en remodelación del que aún hay más dudas que certezas.

Ni siquiera el Estadio Azteca está listo, pero lo más preocupante no es la logística, es el contexto. México llega al Mundial con una narrativa que no controla.

Violencia que no se oculta, operativos contra figuras del crimen como Nemesio Oseguera Cervantes que recorren el mundo en imágenes, casos de inseguridad cotidiana que siguen marcando percepción.

Y en lo deportivo, tampoco hay tregua: Agresiones en canchas locales, el grito homofóbico que persiste, una cultura futbolera que la FIFA lleva años intentando corregir… sin éxito.

A eso se suma lo que el gobierno no quiere ver:

El riesgo de protesta social.

En México, diversas organizaciones civiles, colectivos de vivienda y sectores sindicales han manifestado amenazas de boicot o protestas significativas contra el Mundial 2026. Estas advertencias provienen principalmente de sectores que denuncian el uso de recursos públicos para el evento mientras se desatienden demandas sociales, así como de grupos que temen efectos negativos en sus comunidades, desde organizaciones de campesinos, y transportistas, la CNTE, colectivos de vivienda, activistas de derechos humanos, madres buscadoras, hasta Grupos Anti-Injerencismo. El Mundial no solo será vitrina… también puede ser altavoz.

Y mientras tanto, el costo de la fiesta.

Hoteles encareciéndose, restricciones a plataformas como Airbnb que reducen oferta, Precios inflados en todo, desde transporte hasta productos oficiales como el álbum de Panini.

El Mundial no solo será caro, será excluyente, pero hay algo más profundo, más incómodo.

Desde hace meses, el periodista Salvador García Soto lo advirtió con claridad: el verdadero riesgo para México no es solo organizar mal el Mundial… sino terminar relegado. La lógica es brutal, si hay dudas sobre seguridad, infraestructura o logística, los grandes intereses no apuestan por la incertidumbre, apuestan por la certeza, y esa certeza hoy está del otro lado de la frontera, lo que parecía advertencia empieza a tomar forma como posibilidad: que México sea sede… pero no protagonista.

Y mientras eso se discute en columnas, en la conversación pública el diagnóstico es todavía más crudo, ahí entra la sátira, porque cuando la crítica política se vuelve paisaje, el golpe más certero viene del humor, desde espacios como el de Chumel Torres, se ha puesto el dedo en la llaga: una organización que huele a improvisación, a opacidad… y a negocio mal explicado, y cuando la burla coincide con la percepción social…deja de ser chiste, se convierte en diagnóstico, y entonces llega la ironía final.

La de la propia jefa de gobierno, Clara Brugada, sugiriendo que los capitalinos prácticamente se hagan a un lado para que los visitantes disfruten la ciudad, como si el problema fuera la gente, no la falta de planeación, México quiere ser anfitrión del mundo, pero no ha logrado ser anfitrión de sí mismo.

Porque organizar un Mundial no es poner estadios, es garantizar experiencia, es ofrecer seguridad, es generar confianza, y hoy, México falla en las tres.

México ya demostró que puede organizar un Mundial.

Lo hizo en 1970, lo repitió en 1986, pero en 2026, el problema no es la FIFA, el problema es el país.

No estamos listos para un Mundial.

Hay un episodio de Los Simpsons —Radioactive Man— donde Springfield es elegida para una gran producción de cine, al inicio, todo es entusiasmo, pero luego viene lo de siempre: suben precios, abusan, improvisan, cada quien quiere sacar ventaja, hasta que la producción se cansa… y se va, no por falta de recursos, por exceso de ambición, México debería volver a ver ese capítulo, porque el balón aún no rueda… pero el riesgo ya está sobre la mesa.

No estamos listos para un Mundial.

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