Con una invitación a vivir la fe con integridad y comunidad, el Papa León XIV clausuró el mes mariano este sábado 31 de mayo en la tradicional vigilia celebrada en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos, un acto simbólico que reunió a fieles, religiosos y miembros de la Curia bajo un mismo signo: el de la oración compartida como fundamento espiritual de la Iglesia.
El evento inició con el rezo del Rosario en procesión desde la Iglesia de San Esteban de los Abisinios, hasta concluir en la gruta mariana, donde el Santo Padre dirigió una breve alocución centrada en la importancia de la coherencia entre palabra y acción: “Que la lengua esté en armonía con la vida y los labios con la conciencia”, expresó, citando a San Agustín como guía moral en el camino de fe.
La ceremonia estuvo presidida por el Cardenal Mauro Gambetti, Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano y arcipreste de la Basílica de San Pedro. A lo largo del recorrido se meditaron los Misterios Gozosos, en un gesto que el Pontífice enmarcó dentro del Jubileo de la Iglesia, subrayando la dimensión comunitaria de la espiritualidad mariana.
“Nos hemos reunido bajo el manto maternal de María, como un solo pueblo en camino”, dijo León XIV, reforzando la idea de una Iglesia que no camina sola, sino sostenida por la oración y el testimonio de sus creyentes.
En su mensaje, el Papa citó también a San Juan Pablo II, recordando que el Rosario es una oración de “fisonomía mariana y corazón cristológico”, capaz de condensar el mensaje esencial del Evangelio. Con ello, alentó a mirar la vida como un itinerario de alabanza, esperanza y obediencia.
Al concluir el acto, el Obispo de Roma dirigió un reconocimiento a las Hermanas Benedictinas del Monasterio Mater Ecclesiae, cuya oración constante “sostiene la vida de la Iglesia universal”. Posteriormente, impartió la Bendición Apostólica a los presentes, reafirmando su deseo de que “la alegría de este momento crezca en nosotros y nos impulse a servir con fidelidad”.
La clausura del mes mariano se convirtió así en un llamado pastoral a vivir la fe con autenticidad, integrando la oración con la conducta diaria, en un tiempo marcado por desafíos globales, donde la Iglesia busca ser signo de unidad, compromiso y esperanza compartida.

