Semillas de Comunión…“Correr hacia la verdad que nos resucita”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy mi corazón despierta con la misma certeza que estremeció a aquellas mujeres en la mañana de Pascua: Cristo vive, y su resurrección sigue irrumpiendo en nuestras realidades más oscuras. No hablo desde la teoría, sino desde la experiencia pastoral que cada día me permite ver cómo la gracia se abre paso incluso en los sepulcros más profundos del alma.

En este lunes, como es nuestra costumbre, elevo mi oración por los enfermos, por quienes cargan dolores visibles e invisibles, por quienes han perdido a un ser querido en esta ola de violencia que hiere a nuestro país, y por las familias que aún buscan a sus desaparecidos. También pongo en el corazón de Dios a nuestros hermanos con discapacidad y a quienes los cuidan con amor incansable.

Hoy el Evangelio (Mt 28, 8-15) nos presenta a dos mujeres que corren. Corren con miedo, sí, pero también con una alegría que no pueden contener. El miedo no es pavor; es el temblor del alma ante lo sagrado. Y en ese temblor, Jesús sale a su encuentro y les dice: “Alégrense”. Ellas responden con un gesto que lo dice todo: se postran, abrazan sus pies, reconocen la vida nueva que brota de Él.

Mientras ellas llevan la verdad, otros llevan la mentira. Los soldados, sobornados, difunden una versión cómoda, pagada, conveniente. La corrupción aparece como un intento de sepultar la verdad, como tantas veces sucede también hoy. San Agustín lo dijo con claridad: “Testigos dormidos no pueden dar testimonio de un robo”. La mentira siempre necesita adormecer conciencias; la verdad, en cambio, despierta y pone en movimiento.

Y aquí está el punto que más resuena en mi corazón:
La Pascua no es un recuerdo; es un movimiento.
La resurrección no se contempla sentado; se anuncia corriendo.

Pienso en aquel hombre que me compartió su testimonio: resistió durante años la invitación a un retiro. Su orgullo, su indiferencia, su rutina lo mantenían en una tumba interior. Pero un día, Dios tocó su corazón. Y él mismo lo dijo: “Fue como salir de una tumba en la que llevaba años viviendo”.

¿Cuántos de nosotros hemos estado ahí?
En la tumba del resentimiento, del egoísmo, de la amargura, del desencanto, de la incapacidad de perdonar.
En la tumba del miedo que paraliza, del pesimismo que nubla, de la indiferencia que enfría.

Hoy, hermanos, la resurrección nos alcanza. Cristo ha vencido esos sepulcros y nos ofrece una vida distinta. La pregunta es directa:
¿Vivimos en la alegría del Resucitado o preferimos instalarnos en la comodidad del escepticismo, del dinero fácil, del poder que corrompe, de la mentira que adormece?

Yo elijo —y los invito a elegir— correr como aquellas mujeres.
Correr hacia la verdad.
Correr hacia la vida.
Correr hacia el encuentro con Jesús que nos dice: “No tengan miedo”.

Señor Jesús, como ellas, quiero salir a tu encuentro con el corazón latiendo fuerte. No permitas que me quede paralizado en mis sepulcros de miedo o indiferencia. Que tu palabra “Alégrense” resuene en mis crisis y que mi respuesta sea adorarte con mi vida y anunciar que la muerte no tiene la última palabra.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas y líbranos de todo peligro. Ruega por nosotros para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga y los acompañe siempre.

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