Semillas de Comunión…“Cuando el corazón se abre, Dios ya está dentro”

by Enlace Noticias

Queridos hermanos, hoy vuelvo a esta certeza que San Agustín expresa con una lucidez que atraviesa los siglos: “Señor, yo te buscaba fuera y tú estabas dentro de mí.” Esta frase me acompaña mientras oro y mientras acompaño a nuestro pueblo. La experiencia más profunda de la fe no ocurre afuera, sino en ese santuario interior donde Dios habita y donde yo me descubro como templo vivo de su presencia.

En esta mañana invoco al Espíritu Santo para que ilumine nuestra mente y nuestro corazón. Le pido que nos enseñe a orar, a abrirnos a la Palabra y a reconocer que Dios no es un visitante ocasional, sino el huésped permanente de nuestra alma. Celebramos hoy la fiesta de San Matías, y la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos sitúa en un momento decisivo para la primera comunidad cristiana: la elección del apóstol que ocuparía el lugar dejado por Judas. Pedro recuerda que no basta con conocer la historia de Jesús; es necesario haber caminado con Él y ser testigo de su resurrección.

Mientras escucho este pasaje, pienso en tantos hermanos que, como aquel hombre que compartía su testimonio, han pasado años aprendiendo doctrina, memorizando catecismos, participando en actividades, pero sin haber vivido ese encuentro personal que transforma la vida. La fe no se sostiene en ritos aislados ni en conocimientos acumulados. La fe nace cuando Jesús deja de ser un concepto y se convierte en un encuentro. Cuando su presencia deja de ser teoría y se vuelve experiencia. Cuando su resurrección deja de ser un dato y se vuelve certeza.

Hoy afirmo ante ustedes que ser cristiano es haber encontrado al Señor y haber permitido que ese encuentro dé sentido a todo. Por eso, la condición para elegir al nuevo apóstol no fue su capacidad, ni su prestigio, ni su preparación, sino haber sido testigo. Testigo de la vida de Jesús. Testigo de su resurrección. Testigo de la esperanza que Él siembra en quienes lo buscan con sinceridad.

La Pascua sigue siendo el corazón de nuestra fe. Es el mensaje que debemos proclamar con la vida, con nuestras decisiones, con nuestra manera de mirar el mundo. Jesús resucitado conoce nuestros corazones, sana nuestras heridas, llena nuestros vacíos y nos invita a elegir siempre según su voluntad. Hoy le pido que me haga un testigo creíble de su resurrección en medio de la sociedad que acompaño, en los ambientes cotidianos donde se juega la fe verdadera, en las relaciones donde la comunión se vuelve signo del Reino.

Que Él nos conceda ser instrumentos de renovación para la Iglesia, capaces de anunciar con la vida lo que proclamamos con los labios. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas en las necesidades que vivimos. Líbranos de los peligros y acompáñanos en el camino de la fe.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, permanezca con ustedes y los acompañe siempre.

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