Shohei Ohtani había iniciado la temporada con un guion atípico: dominio absoluto desde el montículo y un arranque discreto con el bate. Pero el cierre de la serie ante los Cachorros en el Dodger Stadium devolvió al japonés a su versión más temida. Con una jornada de tres hits, incluido un jonrón y un doble, Ohtani encabezó la victoria 6-0 de Los Ángeles y puso fin a dos rachas ofensivas que contrastaban con su brillante labor como lanzador.
El dos veces MVP llegó al domingo con OPS de .801 en marzo/abril, una cifra baja para sus estándares, y con 11 juegos consecutivos sin cuadrangulares, su sequía más larga desde que viste la camiseta de los Dodgers. Todo eso quedó atrás en cuestión de innings.
En la quinta entrada, Ohtani conectó un doble ante su compatriota Shota Imanaga, cortando una racha de seis juegos sin extrabases. Dos episodios más tarde, castigó a Hoby Milner con un jonrón solitario, su sexto de la campaña, quedándose a un triple de completar el ciclo. También sumó su tercera base robada del año, una muestra de que su impacto no se limita al poder.
Mientras su ofensiva despertaba, su temporada desde la loma sigue siendo una anomalía histórica: apenas una carrera limpia permitida en 24 entradas para una efectividad de 0.38, una cifra que lo ha convertido en el lanzador más dominante del arranque de 2026.
El domingo confirmó lo que suele ocurrir con Ohtani: cuando atraviesa un bache, la respuesta llega con una actuación que borra cualquier duda. El primer mes aún no termina, pero el mensaje quedó claro. El bate de Ohtani está de regreso, y los Dodgers lo sienten como un impulso directo a su aspiración de controlar la Liga Nacional desde el primer tramo del calendario.

