El pleno del Senado de la República aprobó la licencia de Andrea Chávez Treviño para separarse de su cargo por tiempo indefinido a partir del 15 de abril, en una sesión que transitó entre reconocimientos públicos y un trasfondo político que colocó su salida en el centro del debate legislativo.
La votación avanzó sin resistencia visible en tribuna, pero el movimiento no pasó inadvertido. La licencia sin fecha de retorno abre un vacío en la representación y, al mismo tiempo, reposiciona a Chávez fuera del recinto parlamentario, en un momento donde su figura ha generado atención dentro y fuera del Senado.
Desde su escaño, Gerardo Fernández Noroña fijó postura al afirmar que la legisladora “ha hecho una tarea destacadísima” y que su ausencia será notoria en el grupo parlamentario. En el mismo tono, Juan Carlos Loera de la Rosa apuntó que la senadora buscará estar más cerca de Chihuahua, una declaración que refuerza la lectura de que su salida responde a una estrategia territorial más que a una pausa política.
El respaldo se extendió entre legisladores de Morena y aliados. Karina Isabel Ruiz Ruiz defendió su perfil de servicio; Maki Esther Ortiz Domínguez proyectó su futuro en el ámbito estatal; mientras que Lilia Margarita Valdez Martínez y Araceli Saucedo Reyes coincidieron en destacar su paso por la Legislatura.
Sin embargo, el debate adquirió un matiz adicional cuando se introdujeron elementos personales en la discusión pública. Beatriz Mojica Morga e Imelda Castro Castro hicieron referencia a su maternidad, integrando un componente que, aunque ajeno al procedimiento legislativo, ha acompañado la narrativa en torno a su separación del cargo.
En paralelo, José Manuel Cruz Castellanos sostuvo que Chávez continuará su labor desde el territorio para fortalecer el proyecto político al que pertenece, mientras que Ana Lilia Rivera Rivera la definió como una figura con proyección en Chihuahua. A ello se sumó Alejandra Berenice Arias Trevilla, quien la colocó como referente de una nueva generación en la política.
Pese a la cadena de posicionamientos favorables, la salida de Andrea Chávez se instala como un episodio que trasciende el trámite parlamentario. La ausencia indefinida, sin claridad sobre su retorno, y el contexto en el que ocurre, abren interrogantes sobre sus siguientes movimientos y su impacto en la dinámica interna del Senado.
La sesión concluyó con un acuerdo formal, pero dejó en el aire una discusión más amplia: el alcance político de una licencia que, aunque aprobada sin confrontación, redefine la presencia de una de las figuras más visibles de la actual Legislatura.

