La Iglesia Católica aclara postura sobre coma, muerte cerebral y eutanasia: permitir morir no es provocar la muerte

by Enlace Noticias

En medio de decisiones médicas complejas que enfrentan las familias ante el coma o la muerte cerebral de un ser querido, la Iglesia Católica reafirma su enseñanza sobre el valor absoluto de la vida humana y la diferencia moral entre permitir morir y provocar la muerte. Esta postura, basada en el respeto a la dignidad del paciente y en la fe en Dios como único Señor de la vida, se distancia de prácticas como la eutanasia, consideradas moralmente ilícitas.

El presbítero Joel Ortega Arellano, director de la Dimensión de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis Primada de México, explicó que desconectar a un paciente en estado irreversible no constituye eutanasia, siempre que no se busque causar la muerte, sino permitir su curso natural. “No se trata de provocar la muerte, sino de respetar la voluntad de Dios”, señaló.

Por su parte, el presbítero Manuel Valeriano Antonio, docente en Teología Moral, subrayó que la enseñanza de la Iglesia no propone la muerte como solución al dolor, sino el acompañamiento, el cuidado y la solidaridad. “La vida nunca será un mal; siempre es un bien. Su defensa se hace en términos de justicia”, afirmó.

Desde la perspectiva médica, la doctora Martha Tarasco Michel, especialista en bioética, precisó que la eutanasia implica una acción u omisión que busca causar la muerte, mientras que la muerte digna se alcanza mediante cuidados paliativos que alivian el sufrimiento sin acelerar el desenlace. Estos cuidados incluyen terapias físicas, bloqueos anestésicos y uso controlado de analgésicos.

Respecto a la voluntad anticipada, la Iglesia reconoce su validez moral siempre que no promueva la eutanasia. El padre Valeriano advirtió que estos documentos deben interpretarse con atención al espíritu con que fueron redactados y actualizarse conforme evolucione el estado clínico del paciente.

En cuanto a los tratamientos médicos, la Iglesia distingue entre medidas proporcionadas y desproporcionadas. El retiro de tratamientos que ya no ofrecen beneficio real no se considera abandono, sino un acto de fe. Sin embargo, los cuidados básicos como hidratación, alimentación y aseo deben mantenerse, salvo que agraven la condición del enfermo.

La muerte cerebral, definida legalmente como el cese irreversible de las funciones cerebrales, y el estado de coma, caracterizado por la pérdida prolongada de conciencia, son situaciones que requieren discernimiento ético y espiritual. En ambos casos, la Iglesia llama a valorar la dignidad del paciente y a evitar el encarnizamiento terapéutico.

Finalmente, los sacerdotes consultados coinciden en que la vida humana es un don confiado por Dios, no propiedad de nadie. Por ello, su defensa no implica prolongarla a cualquier costo, sino acompañarla con respeto, esperanza y amor hasta su término natural.

Esta nota forma parte de la cobertura informativa de Desde la fe, medio católico comprometido con la difusión de los valores del Evangelio y el pensamiento de la Iglesia. Trabajo periodístico de Cynthia Fabila L.

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