Por: Pedro Hugo Montero
El cartón de Rafael Barajas (El Fisgón) es brutal en su intención. Dominando toda la escena, el emblema de la Central Intelligence Agency (CIA): enorme, imponente, casi aplastante. El águila devorando a la serpiente —símbolo inevitablemente ligado a México— ahora encapsulada en el sello estadounidense, como si la soberanía misma estuviera enmarcada… o apropiada. Abajo, pequeño, reducido, un personaje con traje oscuro y distintivo del PAN levanta la mano en saludo militar.
No hay matices en la lectura que propone el cartón: No es cooperación. Es subordinación. No es estrategia. Es rendición.
Esa es la narrativa. La que desde el oficialismo se intenta sembrar: que lo ocurrido en Chihuahua no fue un golpe al crimen organizado… sino una claudicación ante intereses extranjeros.
Pero la realidad —terca como siempre— no encaja tan fácil en una caricatura.
Porque mientras Claudia Sheinbaum insiste en que se violó la Constitución, que se vulneró la Ley de Seguridad Nacional y que el tema “no es político”…todo a su alrededor demuestra exactamente lo contrario. Es político.
Y profundamente, las columnas del 24 y 25 de abril lo exhiben sin anestesia.
Raymundo Riva Palacio lo plantea con claridad incómoda: Estados Unidos no esperó al gobierno federal… y comenzó a tejer relaciones directas con gobiernos estatales. Un dato demoledor. No por Chihuahua. Sino por lo que revela del vacío.
Francisco Garfias remata el punto: el caso está politizado… y se usa para golpear a la gobernadora. No para esclarecer. Para desgastar. Pero no todos absuelven.
Salvador Camarena advierte que si se confirma una apertura unilateral a la CIA, el escenario sería insostenible. Y ahí está el verdadero nudo: No hay certezas. Hay versiones. Y en ese vacío… el poder construye relatos.
Carlos Marín agrega otro dato incómodo: la relación con agencias estadounidenses en Chihuahua no empezó ayer. Centros de operación, capacitación, intercambio de inteligencia, todo avanzando mientras la Federación insiste en que nada puede ocurrir sin su control.
Entonces la pregunta cambia: ¿El problema es Chihuahua…o es que la Federación dejó de coordinar?
Ahí es donde entra la lectura más filosa, la de Salvador García Soto, el llamado “CIAGate” no es un incidente aislado, es un conflicto que ya escaló, que tensó la relación bilateral, y que exhibe algo más grave que cualquier discurso: desconfianza. Porque mientras el gobierno habla de soberanía… los hechos sugieren otra cosa:
- Estados Unidos operando con mayor margen.
- Gobiernos estatales actuando por necesidad.
- Y una Federación reaccionando… tarde.
Y cuando la política no alcanza para explicar los hechos…aparece algo más peligroso: la duda.
Porque mientras desde el poder se insiste en que todo fue un accidente…en otros espacios comenzó a circular una hipótesis incómoda.
No confirmada, tampoco probada, pero cada vez más presente.
En el análisis de Ramón Alberto Garza se plantea lo que pocos se atreven a decir en voz alta: ¿Y si no fue un accidente?, ¿Y si lo ocurrido en la sierra de Chihuahua fue, en realidad, un atentado? No hay evidencia pública concluyente, pero tampoco una claridad que cierre la puerta por completo, y en seguridad nacional, esa zona gris es dinamita, porque si fue un accidente, estamos ante descoordinación, pero si no lo fue…estaríamos frente a algo mucho más grave: Un golpe del crimen organizado, mensaje directo, una reacción a operativos que sí les dolieron.
Y entonces la narrativa se derrumba, ya no sería un debate sobre soberanía, sino una señal de vulnerabilidad, por eso la prisa, y el control del discurso, y la politización.
Mientras tanto, en redes sociales, la historia es otra.
La conversación en X no compró del todo el encuadre del cartón, al contrario, muchos interpretaron el supuesto “saludo” no como traición… sino como pragmatismo:
- “Si el gobierno federal no puede, alguien tiene que hacerlo.”
- “El crimen no respeta soberanía.”
- “Prefiero resultados que discursos.”
Y ahí está la verdadera fractura.
No en Chihuahua, en la percepción, porque mientras desde Palacio Nacional se insiste en que no se busca escalar el conflicto…en el Senado ya se habla de sanciones.
Mientras se exige respeto a la Constitución…se reconoce que Estados Unidos tampoco informó; mientras se habla de coordinación…aparecen convenios, cámaras, centros de inteligencia compartidos, demasiadas grietas para una sola versión.
El cartón de El Fisgón intenta fijar una imagen: Un México subordinado, pero hay otra lectura, mucho más incómoda para el poder: No es que Chihuahua se haya arrodillado, es que alguien dejó el espacio vacío.
Y en política —como en seguridad—los vacíos no duran, se llenan, aunque eso implique, como siempre en México, recurrir a la vieja confiable: crear una comisión especial, abrir una investigación, y prometer que ahora sí…se llegará al fondo.
“En México, cuando un problema es urgente, se resuelve. Cuando es incómodo… se crea una comisión especial.”
#DisfrutenLoVotado

