Alto el fuego frágil y presión global: el control del estrecho de Ormuz escala como eje del conflicto entre Estados Unidos e Irán

by Enlace Noticias

Una publicación del portal de International Crisis Group advierte que el estrecho de Ormuz se ha convertido en el punto crítico de una confrontación que, pese a un alto el fuego anunciado el 7 de abril, mantiene riesgos de escalada militar, colapso comercial y disrupción económica global.

El documento señala que la tregua de dos semanas, negociada con intermediación de Pakistán, no ha detenido las hostilidades. En las primeras 48 horas posteriores al anuncio, se registraron ataques cruzados entre Israel, Irán y actores en Líbano, mientras persistieron desacuerdos sobre el alcance del acuerdo. La confusión sobre si el cese incluía territorio libanés derivó en nuevas operaciones militares y en la cancelación por parte de Irán del tránsito de petroleros previamente autorizados por el estrecho.

El análisis expone que el tráfico marítimo en Ormuz se mantiene por debajo del 90%, en un contexto de incertidumbre operativa. Más de 2,000 embarcaciones permanecen varadas en el Golfo, afectando a cerca de 20,000 marineros, mientras el flujo global de energía y materias primas enfrenta interrupciones. Por esta vía circula aproximadamente una cuarta parte del comercio mundial de petróleo marítimo, una quinta parte del gas natural y volúmenes relevantes de fertilizantes, azufre y helio.

El informe documenta que Irán ha ejecutado ataques contra al menos 23 embarcaciones y ha desplegado minas marinas, consolidando una estrategia de presión económica mediante el control del tránsito. A pesar de no cerrar completamente el estrecho, Teherán ha instaurado un esquema selectivo de paso, permitiendo el tránsito a buques considerados neutrales, en algunos casos mediante pagos de varios millones de dólares en yuanes o criptomonedas. Este mecanismo, descrito como un “peaje”, evidencia la capacidad de control que ejerce sobre la ruta.

En paralelo, las posiciones entre Washington y Teherán se mantienen incompatibles. Estados Unidos exige el fin del enriquecimiento de uranio y el desmantelamiento de capacidades estratégicas, mientras Irán plantea condiciones que incluyen reparaciones, garantías de no agresión y control del tránsito marítimo. El liderazgo israelí, según el documento, sostiene una postura de continuidad operativa contra objetivos iraníes, lo que añade presión al escenario.

El texto advierte que la obstrucción del estrecho puede traducirse en una crisis económica de alcance global. El encarecimiento del transporte, la reducción de insumos industriales y la posible escasez de fertilizantes anticipan impactos en la producción alimentaria y en cadenas de suministro. Países asiáticos ya enfrentan aumentos en costos energéticos, mientras algunas economías han declarado emergencias por combustible.

En el plano militar, el documento sostiene que las opciones de Estados Unidos para reabrir el estrecho son limitadas. Ataques previos no lograron modificar la postura iraní, y nuevas operaciones implicarían riesgos políticos y escaladas regionales. La posibilidad de ocupación de islas estratégicas o escoltas navales se describe como costosa, de alcance limitado y con alta exposición a ataques asimétricos.

El análisis subraya que las experiencias previas en rutas estratégicas muestran una constante: es más viable bloquear el tránsito que restablecerlo. La combinación de amenazas con bajo costo operativo —como minas o drones— y la aversión al riesgo del sector naviero generan un efecto disuasivo que persiste incluso ante intervenciones militares.

En el frente diplomático, múltiples actores —Pakistán, China, Turquía, Egipto y países del Golfo— han intentado mediar sin resultados concluyentes. Propuestas como flotillas internacionales, corredores seguros o mecanismos de la ONU no han logrado restablecer el flujo normal. La falta de consenso en el Consejo de Seguridad y el veto a resoluciones refuerzan el estancamiento.

El documento plantea que, aun si el alto el fuego se sostiene, los efectos del conflicto persistirán durante meses o años, debido a daños en infraestructura energética y a la lenta reactivación del comercio marítimo. En caso de ruptura de la tregua, se anticipa una ampliación del conflicto, con posibles ataques en el Mar Rojo por parte de aliados de Irán, lo que abriría un segundo frente estratégico.

Finalmente, la publicación advierte que el control del estrecho de Ormuz se ha convertido en una herramienta de presión estructural para Irán, con capacidad de influir en precios globales y en negociaciones geopolíticas. Sin un acuerdo que contemple incentivos económicos y garantías de seguridad, la reapertura total del paso marítimo se mantiene fuera de alcance inmediato.

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